Las exportaciones argentinas apuntan este año a los USD 100.000 millones, un umbral que el país nunca alcanzó, con hidrocarburos, minería y agroindustria como motores del salto. Doce provincias registraron incrementos de ventas al exterior de entre el 14% y el 110% desde enero. El superávit comercial acumula USD 13.923 millones hasta julio. Y, aun así, de las 24 provincias del país, solo tres muestran un aumento en el número de asalariados privados formales: Neuquén, Río Negro y San Juan —las mismas que concentran buena parte de la producción de hidrocarburos y minerales metálicos—. Esa es la paradoja que define la economía argentina de 2026: un boom exportador que genera divisas, pero no empleo.Un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) cataloga esta paradoja como "crecimiento desbalanceado“ y se refiere a una expansión apoyada en sectores de alto valor exportador y baja intensidad laboral, que coexiste con el estancamiento de las ramas que concentran la mayor parte del empleo del país. Tres sectores rezagados frente al dinamismo de la energía y los recursos naturales explican el 34% del empleo total del país (Ieral)Según el análisis de Ieral sobre datos del EMAE, la actividad del comercio creció a una tasa anualizada del 3,3% en el primer semestre, la de la industria al 2,6% y la del transporte y las comunicaciones al 1,9% -crecimientos que, además, no se tradujeron en nuevos puestos de trabajo-. Esos tres sectores, rezagados frente al dinamismo de la energía y los recursos naturales, explican el 34% del empleo total del país.El límite de los recursos naturalesPor caso, los sectores que lideran el crecimiento -hidrocarburos, minería metalífera y agroindustria- tienen en común una característica puntual, y es que generan mucho valor por trabajador, pero pocos puestos de trabajo por dólar exportado. El agro emplea a 324.300 trabajadores registrados, el 5,2% del empleo privado formal. La minería, a menos de 90.000. Juntos, dos de los tres pilares del boom exportador concentran menos del 7% del total de asalariados privados del país, según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) publicados por la Secretaría de Trabajo en junio.El empleo minero refleja este problema. El rubro metalífero -oro, plata, cobre- sumó 13.026 puestos en marzo, con un crecimiento interanual del 6,6%. Pero esa expansión se posa sobre un universo acotado: de las 59 empresas del sector, apenas 12 concentran el 82% del empleo, con una nómina promedio de 891 trabajadores cada una. El 90% de los montos comprometidos bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) todavía no pasó del anuncio al desembolso, lo que significa que el empleo minero actual no es producto de la nueva inversión, sino de un núcleo reducido de operaciones consolidadas, varias de ellas en fase de cierre o extensión de vida útil.El sector energético, por su parte, proyecta un salto mayor, pero también en el futuro. YPF prevé que el desarrollo de Vaca Muerta generará hasta 90.000 puestos de trabajo para 2029, entre directos, indirectos y los vinculados a obras de infraestructura. El presidente y CEO de la compañía, Horacio Marín, estimó una demanda de alrededor de 40.000 trabajadores adicionales en el núcleo oil & gas en los próximos cuatro años. Esos números son relevantes, pero no resuelven el problema del presente: hoy, la cuenca neuquina emplea a poco más de 30.000 trabajadores directos en el sector de hidrocarburos, una cifra que contrasta con los miles de millones de dólares que Vaca Muerta ya aporta al superávit comercial.El riesgo del crecimiento sin empleoEl caso de Chile ofrece un antecedente que los economistas argentinos miran con atención. El cobre representa en promedio el 10% del Producto Interno Bruto (PIB) chileno y llegó a superar el 56% de las exportaciones totales durante el boom de 2010-2011. Sin embargo, el empleo directo en minería nunca superó el 3% del empleo total del país.La cuenca neuquina emplea a poco más de 30.000 trabajadores directos en el sector de hidrocarburos, una cifra que contrasta con los miles de millones de dólares que Vaca Muerta ya aporta al superávit comercial.La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) documentó que los efectos del precio del cobre sobre el empleo nacional son marginales, y que el sector funciona como un “enclave” con su propia fuerza laboral concentrada en regiones del norte. El Fondo Monetario Internacional (FMI), en un análisis de 2017, encontró que los derrames de la minería hacia la manufactura y la construcción existen, pero son modestos. La Argentina enfrenta una pregunta similar: ¿cuánto de la riqueza que genera Vaca Muerta, la franja cuprífera de San Juan y La Rioja, o la soja del centro del país, se traduce en empleo fuera de esos enclaves?La apertura comercial, explicó, debilitará a sectores industriales concentrados en el Gran Buenos Aires mientras otras actividades ligadas a los recursos naturales ganan participación (Arriazu)Ricardo Arriazu, uno de los economistas más escuchados por el presidente Javier Milei, se refirió a esa pregunta esta semana durante el Webinar de BlackTORO. La apertura comercial, explicó, debilitará a sectores industriales concentrados en el Gran Buenos Aires mientras otras actividades ligadas a los recursos naturales ganan participación.El problema, advirtió Arriazu, es que ese desplazamiento productivo no arrastra personas. “La gente no se mueve”, dijo, y agregó que “tarda mucho en moverse, lo cual te plantea un desafío”. Para Arriazu, esa inercia demográfica es el corazón del problema: “Esto va a generar bolsones de descontento, bolsones de desempleo y de pobreza, justo en la zona políticamente más intensa”.La apuesta a la infraestructuraDesde el arranque del gobierno de Milei, el sector agropecuario y pesquero fue uno de los pocos que sumó trabajadores: 28.059 puestos registrados entre noviembre de 2023 y abril de 2026, un alza del 8,3% en su plantel. Pero ese número equivale a menos del 10% del empleo perdido en otras ramas de actividad en el mismo período. El empleo privado registrado total cayó un 3,46%, con 341.396 puestos menos, según datos del Centro de Economía Política Argentina (CEPA).El informe de Ieral apunta a una salida posible, aunque no inmediata. Los sectores en expansión -con alto sesgo exportador y limitada propensión a importar- empiezan a justificar inversiones en infraestructura largamente postergadas. El Índice Construya registró un crecimiento del 6,3% desde diciembre, y el sector construcción mostró un alza anualizada del 25,3% en el primer semestre, la más alta entre todas las ramas. Ese sector participa con el 9% del empleo total y tiene mayor capacidad de derrame territorial que la minería o los hidrocarburos. Empresas con inversiones activas en Vaca Muerta ya convocan a 800 proveedores localesEmpresas con inversiones activas en Vaca Muerta ya convocan a 800 proveedores locales. El gas natural a industrias en Argentina cuesta un tercio de lo que vale en Francia o Alemania, y la mitad que en Brasil o China, una ventaja competitiva que empieza a atraer industrias de fertilizantes y químicos. La pregunta que queda abierta es si esos efectos multiplicadores llegarán a tiempo para aliviar la presión sobre el mercado laboral en las regiones que el boom exportador todavía no alcanza.