Las altas temperaturas preocupan a la flota

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Que en verano hace calor en Mallorca no es nada nuevo, y que la semana del 3 al 9 de agosto, en la que se disputará la 44 Copa del Rey Mapfre en la bahía de Palma, será un horno para los participantes, tampoco. Pero este año vendrá acompañada por una nueva ola de calor que puede elevar la temperatura hasta los 38 grados, si a esto le añadimos una elevada humedad, puede provocar que la sensación térmica esté por encima de los 40 grados, con lo que hará que las tripulaciones de la Copa del Rey tendrán que extremar las precauciones. Desde primera hora de la mañana, los participantes tienen que empezar a combatir un elemento que nadie puede controlar. Es cierto que la vela es un deporte que depende al cien por cien de la meteorología, el viento y las olas... Sin embargo, el calor extremo empieza a ocupar un lugar en la planificación de los equipos. Ya no se trata únicamente de navegar más o menos rápido y bien, sino de hacerlo sin que el desgaste físico comprometa el rendimiento durante varias horas en alta mar. La hidratación constante desde primera hora, las bebidas con sales minerales, la fruta, el hielo a bordo, la ropa técnica de firmas especializadas como Helly Hansen o Musto, la protección solar renovada varias veces durante la jornada y una alimentación cuidadosamente planificada forman parte ya del protocolo habitual de las tripulaciones. A ello se suma una circunstancia que multiplica la dureza de las jornadas. En un barco de regatas apenas existen zonas de sombra. La radiación solar se refleja sobre la superficie del mar y sobre la propia cubierta, mientras las maniobras obligan a esfuerzos explosivos continuados. En los días de poco viento, precisamente los que se esperan estos días en Palma con temperaturas tan elevadas, el calor se hace cada vez más sofocante. Los equipos controlan el peso de sus regatistas antes y después de navegar, -también hay un peso máximo por cada tripulación donde pasarse puede llevar a una penalización-, para conocer la pérdida de líquidos y adaptar la reposición. Un descenso de apenas un dos por ciento del peso corporal por deshidratación puede traducirse en una pérdida significativa de concentración y capacidad física. Pero el calor no solo afecta a los regatistas. También condiciona el comportamiento de la propia área de regatas. El Mediterráneo lleva años cambiando y los equipos siguen esa evolución con mucha atención. Lo que hace una década era una excepción comienza a convertirse en una nueva normalidad. Sin ir más lejos, en este mes de agosto la temperatura media del agua en la bahía de Palma está en 30 grados. «El cambio climático es una realidad y afecta a todo nuestro entorno. Hablamos de un deporte que depende completamente del mar y del viento, y llevamos años observando cambios que ya son evidentes», explica Javier Banderas, armador del Teatro del Soho San Miguel. Su equipo prepara desde hace meses cada edición de la Copa del Rey estudiando los registros históricos de la bahía de Palma. Viento, temperatura del agua, corrientes o presión atmosférica forman parte de un análisis que condiciona la puesta a punto del barco y el desarrollo de las velas. «Estamos viendo que el aumento de la temperatura del mar provoca, de forma cada vez más habitual, una menor intensidad del viento», señala Ángel Medina, responsable del desarrollo técnico de las velas del barco malagueño. La consecuencia afecta directamente al rendimiento. El tradicional embat, la brisa térmica que durante décadas ha caracterizado las tardes de verano en la bahía de Palma, pierde regularidad y obliga a replantear decisiones técnicas que hasta hace pocos años parecían inamovibles. «Antes preparábamos la Copa del Rey pensando en unas intensidades medias de viento bastante definidas. Ahora buscamos velas mucho más ligeras porque las condiciones son diferentes. El agua está más caliente y eso dificulta que el viento alcance las intensidades que eran habituales hace algunos años», explica Piti Estébanez, director deportivo del equipo. La vela siempre ha sido un deporte de adaptación al medio. Quien mejor interpreta el viento suele ganar. La diferencia es que ahora las condiciones evolucionan con mayor rapidez y obligan a los equipos a reinventarse constantemente. «La vela consiste en adaptarse a lo que el mar y el viento te ofrecen. La diferencia es que ahora esos cambios son cada vez más rápidos y más evidentes. Hay que intentar entenderlos y anticiparse a ellos», concluye Javier Banderas. Si la previsión meteorológica se cumple, la 44ª Copa del Rey Mapfre pondrá a prueba ya no solo el talento a la flota, sino también como se enfrentan al calor extremo.