Tomar la decisión de convertirse en monja de clausura e ingresar en un convento no es fácil. Supone abrazar un estilo de vida alejado del de la mayoría de personas y asumir una serie de compromisos que transforman por completo la rutina, las prioridades y la forma de entender el día a día. Aquellas mujeres que escogen el camino de la religión deben dejar atrás muchas costumbres cotidianas y poner por delante la oración, la convivencia en comunidad y la espiritualidad. Y no solo eso. Están obligadas a renunciar a determinados vínculos y proyectos personales como la posibilidad de mantener una relación de pareja o formar una familia . En cualquier caso, quienes responden a esta vocación lo hacen porque están realmente convencidas y preparadas. Sin embargo, su entorno no siempre comprende o respeta sus convicciones , algo que puede generar momentos especialmente difíciles para ellas. Esta experiencia fue la que le tocó vivir a Gemma , de las Agustinas Descalzas de Benigánim. En una entrevista para el pódcast 'Renacemos' habla sobre este asunto. Gemma , monja de clausura de las Agustinas Descalzas de Benigánim, reconoce en una entrevista para el pódcast 'Renacemos' que ella ha tenido novio. Sin embargo, con el tiempo se ha dado cuenta de que la relación no hubiese funcionado. « Ahora sé que a un hombre lo reviento , en el sentido de que le hubiese pedido ser Dios», aclara. La religiosa explica que fue ahí donde vio clara su vocación . «Yo no digo que toda la persona creyente deba tener esa experiencia. En su fe, tienen otra realidad», declara. Sor Gemma recuerda que «Dios le pide a cada uno una cosa» . «Siempre estás confrontándote con ese fiarte de él. Vas a sentirte desbordada cuando se te evidencia de esta manera. Dices: 'Señor, cómo puede ser que seas así», sostiene. Gemma indica que una de las preguntas que más le han hecho durante todos estos años es la de qué se hace dentro de un convento. Y es que la monja de clausura explica que no todo el mundo comprende su decisión , ni siquiera su familia. La religiosa recuerda cómo lo vivió en casa. « Para mis padres fue un escándalo, un dolor y una cosa muy grande . Les parecía que me perdían y que mi vida se perdía. Es como decir: 'Qué vas a hacer ahí dentro, te va a pudrir'», sostiene. Gemma considera que esto surge porque nos encontramos en un mundo «que valora la eficiencia». «En cambio esto, si no lo entiendes por Dios, es que no lo vas a comprender », apunta. No obstante, la mujer piensa que este pensamiento está cambiando: «Ahora yo creo que nuestra sociedad, que está tocando fondo, se da cuenta de que la eficiencia no es la panacea para todo ». La monja de clausura asegura que hoy, más que nunca, se vuelve a mirar hacia la religión. « Se están redescubriendo otros valores . La vida me la plenifica otra cosa», concluye.