A finales de julio de 2026, Ceuta sufrió una entrada irregular de una magnitud desconocida en su historia reciente. Durante el 30 y el 31 de julio, una multitud cruzó desde Marruecos por el espigón del Tarajal y por mar. La ciudad quedó desbordada durante horas, con sus servicios sometidos a una presión extrema y un balance mortal en los intentos de alcanzar territorio español.Para muchos ceutíes, la imagen fue la de una invasión. La Audiencia Nacional ha pedido a la Policía que aclare si existió una acción concertada o dirigida por una organización. La posible responsabilidad de Rabat sigue sin estar acreditada, aunque la pasividad inicial en el lado marroquí y la rapidez de la avalancha han reabierto el debate sobre la vulnerabilidad de la frontera.Lo sucedido no fue una operación militar ni tuvo relación con aeronaves no tripuladas. Aun así, ha devuelto la atención al equilibrio de fuerzas entre ambos países y a una diferencia cada vez más visible. Marruecos lleva años comprando drones armados, empleándolos y creando una industria propia, mientras España todavía prepara sus primeras capacidades ofensivas de este tipo.Un arsenal construido para actuarRabat ha adquirido más de 230 vehículos aéreos no tripulados desde la década de 1980, de acuerdo con los datos reunidos por El País. La cifra incluye aparatos de tamaños y cometidos distintos, desde vigilancia hasta ataque. Lo que concede valor al conjunto es la combinación de cantidad, variedad y experiencia operativa, especialmente desde la ruptura del alto el fuego con el Frente Polisario en 2020.Entre los modelos más conocidos figuran los Bayraktar TB2 turcos, con un primer contrato por 13 unidades, y los Wing Loong I y II chinos. Los TB2 pueden vigilar durante horas y atacar con munición guiada. A ellos se ha sumado el Akıncı, un aparato turco mucho mayor, con más carga útil, enlace por satélite y capacidad para portar bombas y misiles. Rabat entendió pronto que el campo de batalla aéreo exige distintas capas de alcance y potencia.La aportación israelí completa esa flota. Marruecos encargó en 2022 un total de 150 WanderB y ThunderB de BlueBird Aero Systems y dispone de aparatos de observación como el Hermes 900. Cerca de Casablanca ha comenzado además la producción del SpyX, una munición merodeadora que localiza el blanco y se destruye contra él. La fabricación dentro del propio país reduce la dependencia exterior y permite adaptar con rapidez este tipo de arma, cada vez más próxima a los drones autónomos.Hay, además, una diferencia que no cabe comprar en un catálogo. Las Fuerzas Armadas Reales han usado drones en el Sáhara Occidental para localizar movimientos al este del muro y atacar objetivos atribuidos al Polisario. Es una experiencia de combate acumulada que España no posee con sus grandes sistemas no tripulados y que ayuda a corregir tácticas, formar operadores y decidir qué munición resulta útil.El calendario que Madrid intenta recortarEspaña cuenta con cuatro MQ-9 Predator B, encuadrados en el Ala 23 y destinados a inteligencia, vigilancia y reconocimiento. Pueden permanecer 27 horas en vuelo y alcanzar un techo de 15.000 metros, pero fueron adquiridos sin armas. El Gobierno autorizó en 2023 la compra e integración de misiles Hellfire y la capacidad ofensiva se espera para 2027. La adaptación llega cuando Estados Unidos ya estudia el sustituto del Reaper con aparatos más pequeños y baratos.El programa que debe cubrir el escalón táctico es el SIRTAP, diseñado y fabricado en España por Airbus. Defensa compró nueve sistemas, cada uno formado por tres aeronaves y una estación de control: 27 drones en total. Las pruebas de vuelo se desarrollan durante 2026 y la primera entrega está fijada para 2027. Su diseño admite futuras versiones armadas, navales y de guerra electrónica, aunque esas capacidades requieren desarrollos y contratos adicionales.Más arriba aparece el Eurodrone, proyecto compartido con Alemania, Francia e Italia. España recibirá 12 aeronaves dentro de cuatro sistemas y ganará autonomía industrial en una plataforma de larga permanencia destinada a vigilancia, obtención de inteligencia y posibles misiones armadas. El último calendario del programa sitúa el primer vuelo en 2029. Para entonces, la revolución de los drones habrá avanzado otra generación.También se mueve el Ejército de Tierra. Sus planes incluyen la incorporación de hasta 900 microdrones X10D para reconocimiento cercano, mientras varias empresas españolas trabajan en munición merodeadora, enjambres, armas para el SIRTAP y sistemas contra aparatos enemigos. El tejido industrial nacional empieza a reaccionar, pero necesita pedidos sostenidos, producción a escala y ejercicios que conviertan la tecnología en una capacidad militar real.La lección marroquí reside en haber comprado antes, combinar proveedores y llevar los aparatos al terreno. España conserva una fuerza aérea mucho más completa en cazas, transporte, mando y alianzas, de modo que comparar solo el número de drones ofrecería una imagen falsa. El agujero concreto está en los aparatos armados ya disponibles. Madrid ha puesto fecha para cerrarlo, y 2027 marcará si los programas pasan del papel y las pruebas a las unidades operativas.