Un estudio publicado en Nature Microbiology analizó ocho años de muestras de la turbera Stordalen Mire, en el norte de Suecia, y encontró unos 2,1 millones de elementos genéticos móviles en comunidades microbianas del permafrost. El hallazgo sugiere que las bacterias están intercambiando genes a una escala masiva justo cuando el deshielo vuelve disponible una enorme reserva de carbono atrapado durante milenios.