Afortunadamente, vivimos y chapoteamos en un mar de tópicos, clichés y frases hechas y eso nos facilita mucho la comprensión del mundo sin necesidad de reflexionar más de lo conveniente para la salud. Hay una fina línea que separa al cliché del tópico (el tópico tiene algo de cultural, tradicional, mientras que el cliché es una idea o una imagen ya gastada por el uso). Evidentemente, todos los clichés fueron durante algún tiempo ideas originales , pero a base de repetirlas han alcanzado ese gran momento en el que todo el mundo se siente cómodo flotando en ellas. Por ejemplo, tuvo que haber una primera vez que alguien dijera eso de 'no tener pelos en la lengua', frase que ahora no necesita explicación, pero que su enorme 'creatividad' tuvo que ocasionarle a la persona que la dijera por primera vez problemas y esfuerzos para esclarecerla y justificarla. Lo que hoy es frase hecha, hubo un tiempo en que fue hallazgo. En lo que se refiere al cine, que es una máquina expendedora de clichés y tópicos, ha encontrado el modo de utilizarlos en un sentido muy práctico , el de proteger a sus espectadores. Uno sabe que no puede ir a ver una película portuguesa sin haberse tomado una tila o un té de melisa antes. Y no es que haya que dar por cierto el tópico de que el cine portugués se mueve con la lentitud de un oso perezoso, pero es cosa sabida que no es el más adecuado para una tarde potente y animada. En una tarde así, mejor irse a ver una película coreana, siempre y cuando no sea de Hong Sang-soo , magnífico cineasta que perdería todos los esprints contra un oso perezoso y un director portugués. Las películas, incluso algunas de las buenas, suelen echar mano de tópicos y clichés, de frases y situaciones ya muy usadas, para explicarse más cómodamente y que sus espectadores duden lo menos posible de qué pie cojean los personajes (¡Cuidado, frase hecha que no tiene nada que ver con la cojera!, aunque estemos en 'Moby Dick' y con el capitán Achab). O esas escenas muy vistas (el personaje se prueba vestidos a ver cuál llevará a la fiesta) que se pueden aprovechar para ir al cuarto de baño sin perder el hilo. Y cada género cinematográfico tiene sus tópicos y clichés, y por lo general incompatibles con los de otros géneros; en realidad, el intercambio de clichés entre distintos géneros puede considerarse un hallazgo, al menos las primeras mil veces. Algunos momentos muy cinematográficos que pueden servir como ejemplo, del diferente significado del cliché dependiendo del género que lo use: Si ella tose repetidas veces en un melodrama, hay que ponerse en lo peor, pues la tos es mortal en los melodramas ; pero si donde se tose con ruidoso desgarro es en una comedia, lo más probable es que sea Jim Carrey en el intento de interpretar un papel y que alguien se ría. También es tópico, cliché o frase visual hecha cuando en el cine bélico un personaje en una trinchera le muestra a otro la foto de su hijo recién nacido, ¡ufff!, ese día le dan el finiquito y ya no irá al rodaje del día siguiente…, pero si esa foto del bebé está en una película de, por ejemplo, Tarantino , de mayor será Bruce Willis, boxeador que ha heredado el reloj que llevaba su padre en el frente y que ha conservado escondido en su interior, allá donde el sol no llega. Por sus clichés habituales sabemos buena parte del argumento del cine policíaco : siempre que al policía decidido y honrado le obliga su inspector jefe a dejar el arma y la placa, ya podemos apostar sobre seguro que él será quien descubra finalmente el pastel (y no insisto en que 'el pastel' no es un pastel). Y cuántas veces habremos oído esa frase de '¿está usted amenazándome?', y seguida de 'No, es solo una advertencia'. Y se quedan en dique seco (frase hecha, ya saben), los clichés del cine negro, romántico, del musical, del wéstern… Lo típico, o tópico: hoy hemos llegado a la orilla.