Floria Tosca, la protagonista de la popular ópera de Puccini, se arroja al vacío desde lo alto del Castel Sant'Angelo, la célebre fortaleza romana. No hay duda de que Lise Davidsen , la intérprete de la heroína pucciniana en la última jornada del festival de Cap Rocat, no tuvo la tentación de hacer lo mismo que su personaje, pero seguro que no ha cantado la obra en un lugar tan parecido al escenario en el que transcurre el tercer acto de la ópera como esta antigua fortaleza mallorquina transformada ahora en un hotel de lujo que acoge un radiante festival musical y operístico. Fue el arquitecto Antonio Obrador quien, a comienzos de este siglo, vio la posibilidad de transformar esta fortaleza construida cien años antes en la costa mallorquina en un hotel. Muy pocos le tomaron en serio, pero llevó a cabo su proyecto, y fue aun más allá; junto con su hija María imaginó un festival; dos ediciones sirvieron como laboratorio, y después pusieron el proyecto artístico en manos de llias Tzempetonidis, que ha pasado entre otros lugares por la Scala de Milán o la Opera de París . En las cuatro ediciones que se han celebrado bajo la batuta del gestor griego, el festival puede presumir de haber presentado en sus carteles a primeros espadas de la lírica internacional -« los Roll Royce de la ópera », los llama el propio Tzempetonidis- como Sondra Rodanovsky, Elina Garanca, Michael Fabiano, Lisette Oropesa, Nadine Sierra, Pretty Yende, Jonas Jaufmann, Anna Netrebko o Luca Saldi, junto a instrumentistas como Arcadi Volodos, Mikhail Pletney o Maxim Vengerov. La nómina de estrellas de Cap Rocat se ha ampliado este año con la presencia de cantantes como Juan Diego Flórez, Lise Davidsen, Freddie di Tomaso y Ludovic Tézier , a los que se ha sumado el pianista canadiense Jan Lisiecki . El primero y el último protagonizaron sendos recitales, mientras que los otros tres fueron los protagonistas de 'Tosca'. Esa es la estructura del festival; un recital lírico, otro instrumental y una ópera en versión de concierto. Cuando sonaron los últimos compases de 'Tosca', Ilias Tzempetonidis y todo el equipo del festival suspiraron. Habían sorteado las dificultades -la cancelación del pianista austríaco Rudolf Buchbinder, los problemas de salud de Juan Diego Flórez, la pérdida del vuelo del barítono Ludovic Tézier...- y el festival había podido llegar a buen puerto. No solo eso. El ambiente vivido en Cap Rocat después de la función de 'Tosca' era de euforia ; se trataba de una versión de concierto, pero Anna Cuéllar le dio pinceladas de acción dramática que, junto a la excelencia de los intérpretes (cualquier teatro de ópera mataría por tener al trío protagonista en su reparto), otorgaron una emoción especial a la velada. 'Tosca' es uno de los grandes títulos del género. Basada en la obra teatral de Victorien Sardou, se trata de una pasional historia de amor y deseo a la que se cosen elementos políticos ; Puccini supo colorear la historia y a sus personajes con melodías y colores inolvidables -desde el 'Vissi d'arte' al 'E lucevan le stelle'- que le dan un magnético dramatismo. Lise Davidsen transitó por las emociones de Tosca -del encelamiento casi infantil a la más absoluta determinación- desde la intimidad y la femineidad y empleando la opulencia de su deslumbrante instrumento con inteligencia y sensibilidad . Era su primera 'Tosca' en España, pero ojalá no sea la última. Freddie di Tomaso interpretó con elocuencia y expresividad a Mario, y Ludovic Tézier descendió a los rincones más oscuros de Scarpia para ofrecer una auténtica lección de canto dramático. La Orquesta Sinfónica de Baleares, dirigida por Pablo Mielgo, y el Coro del Festival, que prepara Joan Company, acompañaron con corrección a los cantantes. Del resto del reparto hay que señalar a Sebastià Serra, que interpretó a Angelotti, y que simboliza una de las líneas de actuación del festival: la promoción de los artistas mallorquines . Serra, nacido en la isla, participó hace dos años en las clases magistrales que imparte cada año uno de los cantantes presentes en Cap Rocat (este año la tuvo que ofrecer, inopinadamente, el tenor Freddie di Tomaso; Tzempetonidis le sacó el sábado por la mañana de la cama y le pidió el favor ante la ausencia del previsto Ludovic Tézier, que perdió el vuelo que le traía ese día de Berlín). Su presencia en el reparto de 'Tosca' es consecuencia de aquellas clases magistrales. Pero antes de la ópera de Puccini se pudo escuchar en Cap Rocat a uno de los grandes tenores de las últimas décadas: el peruano Juan Diego Flórez , que a pesar de una indisposición -»estoy malito», le dijo al público-, que incluso le obligó a sustituir un aria de 'La Cenerentola' por otra de 'La pietra del parangone', ambas de Rossini, mostró su maravillosa línea de canto y esa voz soleada que le aupó al Olimpo de la lírica internacional. Cantó acompañado por el pianista Vicenzo Scalera, aunque, como es habitual, concluyó el recital acompañándose él mismo a la guitarra y ofreciendo canciones populares hispanoamericanas -desde 'La flor de la canela' a 'Fina Estampa', pasando por 'El día que me quieras'-. El joven canadiense Jan Lisiecki ofreció un recital exigente y sin concesiones, en el que viajó por el mundo a través de sus danzas: de Martinú a Chopin, pasando por Falla, Schubert, Brahms, Piazzolla, Albéniz o Béla Bartok. Tocó las piezas sin solución de continuidad en cada una de las dos partes de la velada, y mostró transparencia, virtuosismo -siempre al servicio de la musicalidad, sin alardes ni fuegos artificiales- y una brillante claridad.