Científicos de la Universidad de Copenhague descubrieron siete nuevas especies de ranas diamante en Madagascar, tras más de 12 años de trabajo de campo, análisis genéticos y estudio de colecciones históricas de museos. El hallazgo amplía a 27 especies conocidas el total del género Rhombophryne y revela una riqueza biológica que la ciencia todavía no terminaba de registrar.La dificultad para identificar estas especies no es trivial. Las ranas diamante pasan gran parte de su vida enterradas bajo la hojarasca del bosque, y cuando emergen, muchas se parecen entre sí a simple vista.Esa combinación de hábitos subterráneos y apariencia engañosa las convirtió en uno de los grupos de vertebrados menos estudiados de la isla. La nueva investigación, que combinó morfología externa, anatomía ósea y análisis de cantos, permitió distinguir especies que habían permanecido confusas durante décadas, incluida la correcta asignación de nombres históricos a las líneas evolutivas actuales.El trabajo fue publicado en la revista Vertebrate Zoology e involucró a investigadores de instituciones de Europa y Madagascar. La colaboración permitió, entre otras cosas, vincular especímenes depositados en museos con materiales recientes de campo, una combinación que resultó determinante para resolver incertidumbres taxonómicas de larga data.Cómo son las ranas diamanteLas Rhombophryne representan uno de los grupos más heterogéneos dentro de los anfibios malgaches. Algunas especies son notablemente redondeadas y recuerdan a las ranas de lluvia del continente africano; otras presentan patas largas y viven entre el musgo, mientras que las de cuerpos robustos son principalmente terrestres.Las siete especies nuevas reflejan esa variedad. Rhombophryne maraorao es una especie excavadora del noreste de Madagascar, con piel rugosa —su nombre significa “áspero al tacto” en malgache—. Rhombophryne mavokely, también del noreste, vive entre hojas secas y su denominación se debe al color rosado de su piel.Rhombophryne sonaliae, del este de la isla, era conocida bajo un nombre incorrecto hasta este estudio. Rhombophryne anatiala, muy similar a la anterior pero hallada más al norte, lleva un nombre que significa “en el bosque”.Rhombophryne kotrobaratra, del noreste, tiene patas traseras inusualmente largas y fuertes; su nombre evoca “trueno y relámpago”, el clima que parece activarla. Rhombophryne quentini, de los bosques de altura del norte, se distingue por sus muslos anaranjados. Y Rhombophryne kilonjy es una especie pequeña y poco conocida de los bosques costeros del noroeste.Aunque a primera vista la mayoría aparenta ser marrón, varias esconden destellos de naranja o marcas llamativas en blancas y negras en los muslos y la parte baja de la espalda, que podrían funcionar como mecanismo de alarma ante depredadores.“Las ranas diamante han estado ocultando su diversidad bajo nuestros pies”, afirmó el doctor Mark D. Scherz, curador de herpetología del Museo de Historia Natural de Dinamarca y autor principal del estudio, según el comunicado de prensa de la universidad.“Muchas especies pasan la mayor parte de su vida bajo la hojarasca, y aun cuando emergen pueden verse engañosamente similares”, añadió.Esos hábitos esquivos convirtieron a estas ranas en algunos de los vertebrados menos estudiados de Madagascar, según se detalla en el trabajo. El desafío no se limitaba a encontrarlas: una vez en mano, los científicos debían determinar si lo que tenían frente a ellos era una especie ya conocida o una nueva, algo que no siempre resultaba posible solo con observación visual.Doce años de trabajo y una clave en los museosDesde el inicio, los investigadores sabían que había especies sin describir, pero resolver sus identidades implicaba un obstáculo adicional: los nombres históricos no podían vincularse con certeza a las líneas genéticas conocidas hoy. “Casi cada expedición a Madagascar revelaba otra. Algunas fueron relativamente sencillas de describir, pero otras se complicaban por la incertidumbre en torno a nombres de especies más antiguas. Desenredar ese rompecabezas llevó años”, explicó Scherz.La solución llegó a través de la museómica, una técnica que permite extraer y analizar ácido desoxirribonucleico (ADN) de especímenes históricos conservados en colecciones de museos, incluidos los ejemplares tipo originales, es decir, los individuos de referencia a partir de los cuales se definió cada especie en su momento.“Las colecciones de museos son mucho más que archivos del pasado: son recursos científicos esenciales para comprender la biodiversidad hoy”, afirmó la doctora Alice Petzold, de la Universidad de Potsdam, quien lideró el trabajo de museómica. “Al secuenciar especímenes históricos, incluidos los ejemplares tipo originales, pudimos responder preguntas que han persistido por generaciones”, agregó en el mismo comunicado.Una base para la conservaciónMás allá del aporte al conocimiento científico, los resultados tienen implicaciones directas para la protección de los ecosistemas de Madagascar. Muchas de las ranas diamante habitan bosques que enfrentan una fragmentación acelerada por la deforestación, y la ciencia aún desconoce aspectos básicos de su biología. Sin saber dónde vive una especie ni cuántos individuos la componen, resulta muy difícil evaluar si está amenazada o definir qué zonas merecen protección.Los nuevos datos ya se pusieron en práctica. Durante un taller de planificación de áreas protegidas realizado en marzo de 2026, en el marco del Programa de Biodiversidad 30x30 de Madagascar, varias de las especies recién descritas, entre ellas Rhombophryne quentini, contribuyeron directamente a propuestas para reforzar y ampliar zonas de protección, según se detalla en el estudio.El estudio concluye que casi con certeza quedan otras aún sin nombre científico. “Cada especie recién descrita representa millones de años de historia evolutiva única. Cuanto más aprendemos sobre los notables anfibios de Madagascar, más claro queda que todavía queda una cantidad enorme por descubrir”, afirmó Scherz.