Antiguamente las casas estaban compartimentadas en habitaciones según las actividades que en cada una se realizaban. Un dormitorio servía únicamente para descansar, un salón para convivir, un baño para el aseo, la cocina para cocinar, el comedor para sentarse a comer y así sucesivamente hasta terminar el 'house tour'. Con la digitalización de nuestras vidas y la limitación de la oferta de vivienda, el modo de construir ha evolucionado. Ahora se valora la homogeneidad del espacio . Una mesa de comedor también tiene que servir para teletrabajar, los juegos de mesa y ordenar las facturas; el vestidor es un plató de grabación de contenido para las redes sociales; y el salón es sala de cine, dormitorio y comedor, todo al mismo tiempo. Para facilitar esta dinamización de la vida en el hogar, se ha puesto de moda tirar las paredes y unificar aquellas estancias que en la práctica están cumpliendo el mismo propósito, especialmente la cocina y el salón. El arquitecto Pablo Borraz conoce esta tendencia pero la recomienda muy poco. Confiesa que si tuviera que construirse una casa lo último que haría sería «un salón-cocina-comedor completamente abiertos sin ningún tipo de filtro». Así lo ha explicado en un vídeo en su perfil de Instagram ( @pbs_arquitectura ). Reconoce que en algunos casos puede ser una obra beneficiosa: «Queda muy bien la sensación de amplitud y en viviendas pequeñas o de segundas residencias , puede tener todo el sentido del mundo. Incluso si tienes un estilo de vida muy ordenado o no cocinas mucho, puede funcionar muy bien». Esto no ocurre en la mayoría de viviendas. «Pero cuando es una vivienda de uso diario, empiezan a aparecer cosas que no se ven en las fotos: ruido, olores y desorden en un mismo espacio», sostiene. Cuando no puedes controlar el límite entre las estancias, los problemas de una se sufren en todas las demás. «Se mezclan ruidos y olores, el desorden de la cocina puedes ver desde el sofá, insisto que si eres una persona muy ordenada esto no es un problema, pero para mí pues sí que se notaría mucho porque en mi caso una familia con niños pequeños, una casa de uso diario pues para mí no sería lo ideal». Tiene claro que en su propia casa dejaría una pared entre cada habitación o, al menos, una pared corredera que pudiera mover a su gusto según el momento del día. «Yo no lo haría así. No porque esté mal. Sino porque prefiero poder decidir cuándo conectar los espacios… y cuándo no. Porque una casa no solo tiene que verse bien. Tiene que funcionar bien todos los días», recalca. El problema no es que el espacio sea abierto, insiste el arquitecto, el problema es hacerlo sin ningún tipo de control, «porque estás mezclando tres usos que en realidad son muy distintos: cocinar, comer y estar». Para los amantes de la cocina -y los que son cocinillas por necesidad- la cocina abierta al salón es más problemática que bonita. A ellos, les recomienda la puerta corredera. Indica: «Tener una cocina que se pueda cerrar también en algún momento pues tiene mucho sentido. No para aislarla siempre, quizás, sino para poder decidir cuándo sí y cuándo no. Que esté bien conectada con el salón pero tener la posibilidad de independizarla porque hay momentos en los que quieres todo abierto y otros no». Pablo Borraz recuerda a sus seguidores en redes que «muchas decisiones importantes se toman antes de que empiece el proyecto». Así, planea la disposición de las estancias según el uso real que le vayas a dar a cada una antes de que sea tarde. «Eso si no lo piensas desde el principio luego no tiene fácil solución».