Durante años se ha repetido que una copa de vino al día podía ser buena para el corazón. Una revisión amplia acaba de poner ese consuelo en cuarentena, al menos en lo que toca al cáncer. Para los tumores no existe una dosis segura.El trabajo, firmado por investigadores de la Universidad de Washington, repasó más de ochocientos estudios publicados a lo largo de seis décadas. La conclusión sobre el cáncer es la más rotunda de todas: el riesgo sube con cualquier cantidad de alcohol, por pequeña que sea. Ni siquiera media copa diaria queda a salvo, según el análisis.Los autores midieron veinte problemas de salud y calificaron la solidez de cada vínculo con una escala de estrellas. El cáncer se llevó la máxima nota de fiabilidad. Diez tipos de tumor mostraron relación con la bebida, desde el de mama y el colorrectal hasta los de esófago, hígado, páncreas o próstata.Lo claro y lo que aún se discuteLa autora principal lo resume sin rodeos, según recogió la revista Nature Health: en el cáncer la evidencia es consistente e inequívoca, y el riesgo crece con cualquier nivel de consumo. Esa rotundidad contrasta con el terreno mucho más gris de otras dolencias. El alcohol, recuerda el estudio, se relaciona además con más de sesenta enfermedades. No todas comparten la misma fuerza de prueba.En el plano cardiovascular y metabólico, el cuadro se enturbia. Algunos análisis sugieren un riesgo algo menor de diabetes tipo 2 o demencia con consumos bajos, aunque el efecto se diluye y se invierte cuando se bebe más. Esa zona gris alimenta titulares contradictorios, como el aviso de la Organización Mundial de la Salud sobre el peligro real de la copa diaria.Cuando basta muy poco Una copa diaria puede afectar a las posibilidades de padecer cáncerEl dato que más recorre el estudio es el del consumo bajo. Beber menos de una unidad al día ya se asoció con más riesgo de tumores de faringe, colon y recto, esófago, mama, hígado, páncreas o próstata. La curva no espera a los grandes bebedores para empezar a subir. De ahí avisos como el del cáncer colorrectal asociado a la cerveza.Conviene leer los resultados con cabeza, y los propios autores lo piden. Los hábitos se declararon de memoria, un método poco fiable, y no todos los trabajos controlaban factores como la dieta o el tabaco. Aun así, el método fue conservador, de modo que el daño real podría ser mayor que el descrito. Hasta la forma de beber cuenta, como muestra el debate sobre qué resulta peor para el hígado. La prudencia no resta valor a la señal.El final de un viejo consueloEl mensaje práctico resulta incómodo para media Europa. Las pautas oficiales de consumo moderado nacieron antes de que la ciencia afinara tanto, y varios países empiezan a revisarlas. Si el riesgo arranca en la primera copa, hablar de límites saludables pierde buena parte de su sentido.Nada obliga a renunciar a un brindis ocasional, y el estudio no predica abstinencia universal. Lo que se cae es la coartada de que beber un poco, además, sentaba bien. La copa de la salud era un mito reconfortante.