Si eres amante de Disney, ya lo sabes. Parte de tu mundo, una de las canciones principales de La Sirenita (John Musker, Ron Clements, 1989), es también de las más populares del estudio. Y razones no faltan. No solo es una pieza extraordinaria que resume la esencia del clásico animado, sino que además es una melodía potente capaz de conmover. Un punto elemental, además, para comprender el éxito de la cinta. Además, su trascendencia como pieza única de la compañía.Pero al mismo tiempo, la verdadera historia de la canción es un relato de resistencia artística, visión teatral y una profunda carga emocional. Escrita por Howard Ashman junto al compositor Alan Menken, es testimonio de la fortaleza y lucha de su autor por el respeto y reconocimiento. Ashman, con una sólida formación en Broadway, sabía que el público necesitaba entender el anhelo más íntimo de Ariel al inicio de la trama. Todo, para poder empatizar y conectar con ella durante el resto de la película. Su objetivo era plasmar la fascinación de la princesa por la superficie, transformando su obsesión en un grito de libertad.Pero más extraño todavía es todo lo que rodeó a la ahora histórica canción para volverse parte de la cultura popular. A pesar de su evidente valor, el poderoso tema estuvo a punto de ser eliminado de la versión final de la cinta. Eso, por órdenes directas de los ejecutivos del estudio. Durante una proyección de prueba, el jefe de la división cinematográfica de Disney, Jeffrey Katzenberg, observó que un niño parecía distraído comiendo palomitas de maíz. Convencido erróneamente de que la melodía aburriría al público infantil y arruinaría el ritmo, Katzenberg ordenó que la descartaran por completo. Sería una de las primeras y grandes luchas que enfrentaría Howard Ashman para lograr que la canción formara parte de la película. Una pequeña batalla que pasó a la historia para ‘La Sirenita’ Al enterarse, Ashman defendió su creación con fiereza y amenazó firmemente con abandonar el proyecto si la borraban. Gracias a su rotunda negativa y al apoyo del equipo técnico, la canción se mantuvo. Para después, convirtiéndose así en un éxito histórico y el pilar fundamental del renacimiento de Disney. En especial, porque La Sirenita marcó un antes y un después en el cine de la compañía. La cinta simbolizó el reencuentro del estudio con el éxito, luego de sucesivos fracasos. También, una vuelta de tuerca a personajes más maduros y profundos. Un mérito que la canción de Howard Ashman parece además simbolizar por completo. Más allá de la superficie comercial, la hermosa composición esconde un trasfondo humano profundamente melancólico y personal. Mientras la escribía a finales de la década de 1980, Ashman fue diagnosticado en secreto con VIH/SIDA. Un duro diagnóstico que ya le había arrebatado a su anterior pareja y novio universitario. Al pertenecer a la comunidad LGBTQ+, el letrista volcó su propia realidad de aislamiento social en la letra interpretada magistralmente por la actriz Jodi Benson. Por lo que la composición es una reflexión sobre la vida de su autor. De cómo el deseo de estar bajo el sol o el anhelo de vivir en un sitio donde no te repriman. Parte de tu mundo refleja fielmente el dolor de un hombre que buscaba desesperadamente ser aceptado en un mundo que lo rechazaba. El autor falleció en marzo de 1991 a los 40 años sin ver el impacto final de su legado, pero su obra sigue viva como un himno universal de pertenencia.Una lucha complicada y dolorosa detrás de ‘La Sirenita’ Alan Menken y Howard Ashman ganaron el Oscar a Mejor Canción Original por La Sirenita en la 62.ª edición de los Premios Oscar. Se trató de una ocasión para Disney, porque de una u otra manera, representó el momento máximo de todo el camino al éxito del estudio. Pero también fue el momento en que Howard Ashman decidió confesar el secreto sobre su estado de salud a Menken. Algo que había ocultado durante todo el proceso de producción del animado. Durante dos años, mientras se rodaba La Sirenita, Howard sabía que tenía VIH, pero ocultó su enfermedad a todo el equipo. “Incluyéndome a mí”, explicó Meken en una entrevista. La noche en que ambos ganamos nuestros Óscar, me dijo que teníamos que hablar seriamente, y al regresar a Nueva York, me reveló que tenía sida. Acabábamos de alcanzar la cima de nuestras carreras tanto en el teatro como en el cine. "Habíamos trabajado codo con codo durante 11 años", detalló Menken.Además, la huella de Howard Ashman está en todas partes en La Sirenita. Del aspecto de Úrsula, basada en la drag queen Divine, hasta sugerir que el cangrejo Sebastián fuese jamaicano. Lo cierto es que Ahsman es el responsable de la forma en que conocemos a la cinta en la actualidad. Todo, mientras luchaba contra un cuadro médico incurable. Mi querido amigo mantuvo en secreto ante todos sus compañeros que padecía una enfermedad terminal incurable. Ese era el tipo de miedo con el que vivía la gente entonces. Miedo al rechazo, a la muerte, a una enfermedad fatal sin cura. Y había muchísimo estigma y discriminación”, finaliza Menken la entrevista.Un trayecto al éxito de un compositor históricoPero el legado de Howard Ashman no terminó ahí. El compositor revolucionó Disney al fusionar la animación clásica con la narrativa de los musicales de Broadway. En La Bella y la Bestia (1991), aportó una profundidad emocional única mientras luchaba secretamente contra las fases terminales del SIDA. Fue idea suya transformar el castillo con sirvientes antropomórficos encantadores. También, plasmar en el tema Asalto al castillo (The Mob Song) una poderosa metáfora sobre el miedo social, la intolerancia y el estigma que sufrían los enfermos de su época. La película fue nominada al Óscar y consagró su legado de forma póstuma. Lo que incluyó una dedicatoria eterna en los créditos que agradecía al letrista por haberle dado “su voz a una sirena y su alma a una bestia”. Por otra parte, su ingenio sentó las bases para el éxito arrollador de Aladdín (1992) antes de su trágico fallecimiento. Ashman concibió al Genio no como un ser místico serio, sino como un dinámico animador de jazz y vodevil. Además, dejó escritas las ingeniosas rimas llenas de humor y juegos de palabras de éxitos imperecederos como Un amigo fiel (Friend Like Me) y Príncipe Alí. Esta audaz propuesta musical definió por completo la personalidad del personaje e hizo posible la icónica e improvisada interpretación de Robin Williams. Demostrando que su influencia no solo salvó al estudio de la bancarrota, sino que dio forma a la identidad de toda la era del Renacimiento de Disney. Un legado que todavía perdura hasta hoy. Seguir leyendo: La trágica historia real detrás de la canción más famosa de ‘La Sirenita’ que casi nadie conoce y el drama que esconde