Las baterías de estado sólido llevan años prometiendo cambiarlo todo en el coche eléctrico: más autonomía, más seguridad y recargas más rápidas. El problema es que esa revolución sigue sin llegar de forma masiva, mientras las baterías actuales aún arrastran un punto delicado, ¿cuál? Pues ni más ni menos que el riesgo de sobrecalentamiento.En ese hueco empiezan a ganar terreno las baterías semisólidas de gel. No son exactamente las esperadas baterías de estado sólido, pero sí un paso intermedio muy interesante, ya que mantienen parte de la tecnología actual, reducen el uso de líquidos inflamables y pueden fabricarse con menos cambios industriales.Un punto intermedio entre las baterías actuales y las de estado sólidoLas baterías de ion-litio de toda la vida usan un electrolito líquido, que es una de las partes más problemáticas cuando hay golpes, perforaciones o fallos internos. En situaciones extremas, ese líquido puede favorecer incendios difíciles de controlar, algo que ya se ha visto en patinetes, bicicletas eléctricas, baterías externas y otros dispositivos.Las semisólidas cambian esa parte por una composición tipo gel. Esto no elimina todos los riesgos, porque siguen siendo baterías de litio, pero sí ayuda a reducir la posibilidad de fugas, inflamación y sobrecalentamiento. Además, suelen comportarse mejor con el frío y prometen una vida útil más larga.Por eso se consideran una especie de puente, y si bien no llegan a ser la gran revolución que prometen las baterías de estado sólido para los coches eléctricos, sí permiten mejorar seguridad y rendimiento sin esperar a una tecnología que todavía necesita madurar.De las bicis eléctricas al coche, el salto ya ha empezadoEl avance ya se está viendo en algunos productos, pues ciertas baterías externas y bicicletas eléctricas empiezan a usar celdas semisólidas, con promesas de más capacidad en el mismo espacio, cargas más rápidas y más ciclos antes de perder rendimiento. En el caso de las e-bikes, esto es especialmente importante, porque las baterías están expuestas a golpes, calor, frío y cargas constantes.De igual manera, el interés no se queda solo ahí, pues este tipo de baterías también se está probando o preparando para drones, sistemas de almacenamiento doméstico y vehículos eléctricos. La ventaja para la industria es que no exigen un cambio radical en las líneas de producción, ya que pueden llegar antes y con menos coste que una batería completamente sólida.Por su parte, China también está empujando esta transición con normas más duras para baterías de bicicletas eléctricas y dispositivos portátiles. Si los fabricantes necesitan superar pruebas de seguridad más exigentes, una batería con electrolito tipo gel tiene más oportunidades de cumplir sin disparar el precio.De mientras, las baterías de estado sólido siguen avanzando por otro camino. Algunos desarrollos recientes ya han mostrado una gran resistencia térmica en sus primeras pruebas, pero todavía falta tiempo para ver este tipo de baterías de forma masiva en coches de calle.En resumen, puede que la gran batería del futuro aún no esté lista, pero las semisólidas de gel ya están haciendo de puente. No son perfectas ni milagrosas, pero pueden ser el primer paso real hacia vehículos y dispositivos más seguros, duraderos y eficientes.