La historia, en sus líneas generales, es conocida: la célebre virgen jerezana hoy llamada Esperanza de la Yedra fue comprada en un anticuario de la calle Empedrada en 1928 (quizás 1929), por una hermandad bisoña. Hasta ahí lo que se suele contar. Cómo llegó esta talla a la tienda de Empedrada es, en cambio, un relato punteado de fenómenos extraños, milagrosos, cabría decir paranormales.La virgen, atribuida a Diego Roldán o a su escuela (siglo XVIII), procede originalmente de la hermandad del Cristo de la Salud y la Virgen de los Dolores, fundada en 1744 en el Monasterio de Belén de Mercedarios Descalzos. Como relata el historiador del arte Pablo J. Pomar Rodil, salió en procesión por vez primera en 1758 y siguió saliendo unos cuantos años después de la supresión de la hermandad en 1771 (sin cofrades). A partir de 1776, la talla permanecerá unas seis décadas en la penumbra del templo, hasta que la desamortización de Mendizábal la vuelva a sacar a la luz. Clausura el monasterio en 1835 y sus imágenes inician un periplo por San Lucas y San Mateo hasta recalar en 1837 en el Asilo de San José (Hospital de la Sangre, en la actual calle Tardixt), embelleciendo el retablo principal de esta residencia de ancianos. Allí estuvo el resto del siglo XIX, pero el año 1900 sucedió algo extraño...Un día, la Virgen amanece tirada por el suelo sin manto ni toca. No se detectan signos de robo en ninguna otra dependencia. Todo está en orden; no parece haber entrado nadie. ¿Habría saltado sola? Uno de los residentes, que fuera joyero, examina la estatua y descubre que le habían desaparecido todas las lágrimas menos una, la cual resultaba ser “un pequeño brillante”... Para evitar esta clase de incidentes, las religiosas la mandan a languidecer en un desván. En los años veinte ingresa una nueva superiora que, examinando las dependencias, encuentra las imágenes del desván y decide colocar la virgen sobre un pedestal en una de las galerías.jerezEsperanza de la Yedra: la oferta de La Lebrijana Óscar CarreraSabemos de esto porque José Moreno Alonso se entrevistó con esta superiora, la cual le rogó silencio sobre el asunto mientras ella viviera. Al parecer, la monja pronto se arrepintió de sacar la imagen a la galería alta, pues su presencia alteraba a los residentes. Escribe Moreno Alonso que “el paso en la madrugada de los internos hacia los servicios por el pasillo provocaba en estos cierta impresión de respeto y confusión dado el rostro demudado y doloroso de la imagen que los sobrecogía y emocionaba” (Esperanza de la Yedra, 1988). Por aquellos días visita el asilo María Alcón Guerrero ‘La Lebrijana’ en busca de objetos antiguos y de inmediato la superiora, “sin consultar a nadie ni pedir los permisos oportunos”, decidió deshacerse de la imagen, así como del San Juan que la acompañaba y de “varios enseres viejos”, poniéndolos en manos de la anticuaria.Las dos imágenes se vendieron por cien pesetas a La Lebrijana, quien nos habría legado otra versión de los hechos, una que explica mejor esa presura y resolución de la superiora a la hora de desprenderse de la talla. La web Semana Santa de Jerez atribuye a la anticuaria un relato más detallado sobre los motivos de la conmoción entre los internos del asilo. Se dice ahí que la imagen “fue vendida por la Superiora de aquel recinto, porque los ancianos que allí habitaban decían continuamente que bajaba del Altar para hablar con ellos. Ante la insistencia de los ancianos y de lo nerviosos que estaban, mantuvo su postura de desprenderse de ella”. El periodista Juan Pedro Lobato recoge también esta historia: “Según la leyenda, las monjas del convento decidieron deshacerse de la imagen porque los ancianos residentes habían comentado que la Virgen, por las noches, se levantaba y hablaba con ellos”.Allí está... discretamente,con un pañuelo en sus manosque sabe de sus arcanos...y en el rincón más tranquilo......la Virgen, que en el ‘Asilo’,hablaba con los ancianos. Una Virgen que, claramente, pedía algo más que reposar en la galería alta de un viejo asilo. Pedía descender y hablar con las gentes y hoy, reina de la madrugada del Viernes Santo, cumplió con su destino.