No se cansan de ganar. Nadie ha ganado tanto como ellos. Son los reyes del balonmano mundial. El Barça se plantaba en su decimoctava final europea con ganas de redimirse de la derrota del año pasado frente al Magdeburgo. Y lo hizo con creces. La final de los hombres de Carlos Ortega fue extraordinaria, sostenida por una defensa de cemento, un Emil Nielsen imperial bajo palos y un Luis Frade decisivo cuando el partido se nubló por culpa del arbitraje. El equipo cierra la temporada con un septete histórico. El Barça volvió a ser campeón de Europa tras imponerse al Füchse Berlín por 37-34 en una final intensa, exigente y algo sufrida cuando el arbitraje decidió expulsar injustamente a Ludovic Fàbregas. El equipo azulgrana mandó durante buena parte del encuentro, pero el conjunto alemán nunca se rindió y obligó al campeón a cerrar el título desde la madurez. En Colonia, donde cada error pesa el doble, el Barça volvió a demostrar que sabe ganar incluso cuando el partido se ensucia. La primera parte marcó el camino. Los azulgranas defendieron con agresividad, corrieron cuando pudieron y encontraron en Nielsen una seguridad decisiva. El portero danés, en su último partido con el club antes de marcharse al Veszprem, firmó una actuación enorme con 14 paradas. No fue solo el número, sino el momento. Apareció cuando el Füchse amenazaba con engancharse y sostuvo al equipo en los minutos de más tensión. También se despidió a lo grande Domen Makuc. El central esloveno, elegido MVP de la Final Four, jugó su último encuentro con el Barça y volvió a demostrar su categoría. Dirigió, templó y encontró soluciones cuando el ataque necesitaba calma. A su lado, Frade fue clave en los dos lados de la pista, mientras Aleix Gómez, Janc, N'Guessan y compañía completaron una final muy seria ante un rival empujado por Mathias Gidsel, autor de ocho goles. El momento más delicado llegó con una expulsión muy discutida que castigó al Barça y dio aire al Füchse. La decisión arbitral cambió el clima del partido y permitió a los alemanes acercarse, pero el equipo de Ortega no perdió la cabeza. Protestó, sufrió y siguió jugando. Ahí estuvo buena parte de la final. El Barça no se rompió cuando el marcador apretó y encontró en su defensa y en Nielsen la respuesta para conservar la ventaja. La victoria agranda todavía más la figura de Carlos Ortega. El técnico suma ya tres Champions como entrenador, que se añaden a las seis que ganó como jugador. Su Barça volvió a competir como un equipo acostumbrado a las noches grandes. Y lo hizo, además, en una final con aroma de despedida, porque varios jugadores importantes cerraban etapa vestidos de azulgrana. Con este 37-34, el Barça conquista su decimotercera Champions y firma cuatro títulos europeos en las últimas seis ediciones. Una barbaridad. El equipo completa además una temporada perfecta, con siete títulos de siete posibles. Cambian nombres, cambian ciclos y cambian rivales, pero el Barça de balonmano sigue en el mismo sitio. En lo más alto de Europa.