La idea de “congelar” un cerebro y reactivarlo después ha vivido durante décadas en la frontera entre la especulación y la pseudociencia. Ahora, un estudio serio publicado en PNAS no revive un animal completo ni valida la criónica humana, pero sí muestra algo notable: tejido del hipocampo de ratón puede conservar estructura y volver a funcionar tras una vitrificación extrema.