Haití, el rival más insólito de Brasil

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Hay selecciones que llegan al Mundial para ganar. Y otras que llegan simplemente para existir. Haití pertenece a la segunda categoría. Cuando salte al campo para disputar su segundo partido del torneo frente a Brasil, una de las grandes favoritas, lo hará con una plantilla construida lejos de la élite, lejos de casa y, en algunos casos, lejos incluso del concepto convencional de selección nacional. Los números ayudan a entender la anomalía. De sus 26 convocados, solo nueve compiten en clubes de Primera. El resto se reparte entre segundas categorías, campeonatos menores y ligas que rara vez entran en el circuito principal del fútbol internacional. Además, apenas una decena de los futbolistas nació en Haití: el grupo se completa con jugadores formados y criados principalmente en Francia, además de otros casos repartidos entre Canadá, Estados Unidos, Suiza y Guadalupe. Los Grenadiers regresan a una Copa del Mundo por primera vez desde Alemania 1974, pero lo hacen desde una realidad radicalmente distinta a la de las potencias. El retrato de una selección construida desde la diáspora aparece con claridad en la portería. Alexandre Pierre, de 25 años, juega en el Sochaux, histórico del fútbol francés que hoy transita lejos de la élite tras sus problemas administrativos. Josué Duverger, otro de los arqueros convocados, milita en el Cosmos Koblenz de la quinta división alemana. La experiencia recae entonces sobre Johny Placide, veterano de 38 años que ha pasado las últimas temporadas en la segunda categoría francesa. Y, aun así, Haití también tiene futbolistas capaces de mirar de frente a escenarios mayores. Jean-Ricner Bellegarde aparece como una de las referencias del equipo tras su paso por el Wolverhampton. En ataque destaca Wilson Isidor, delantero del Sunderland y principal amenaza ofensiva del conjunto. Pero incluso sus nombres más reconocibles parecen encajar dentro de una historia que se mueve siempre entre lo improbable y lo extraordinario. Duckens Nazon, máximo goleador histórico del seleccionado, tuvo que abandonar Irán días antes de la concentración en medio de la escalada bélica en Oriente Próximo. Duke Lacroix, lateral izquierdo formado en el sistema universitario estadounidense, alterna el fútbol con su dedicación al arte abstracto. Y Keeto Thermoncy, defensor de 20 años, todavía ni siquiera ha debutado profesionalmente con el Young Boys. La propia clasificación de Haití estuvo marcada por una situación excepcional. La crisis política y social que atraviesa el país obligó al equipo a disputar sus partidos como local fuera del territorio haitiano por razones de seguridad. Concretamente en Curazao. En ese contexto se explica también una de las imágenes más singulares del Mundial: la de un seleccionador que nunca ha estado donde entrena. El francés Sébastien Migné asumió el cargo en 2024 y desde entonces no ha pisado Haití. «Es imposible porque es demasiado peligroso», reconoció en una entrevista con France Football. La selección funciona a distancia: concentraciones en terceros países, seguimiento remoto y buena parte del trabajo sostenido mediante videollamadas. La paradoja es que el método funcionó y contra todo pronóstico, Haití consiguió clasificarse y competir. Desde su estreno en Alemania 1974 -su única aparición mundialista- acumula cuatro partidos disputados y cuatro derrotas. Hace 52 años perdió 3-1 frente a Italia, cayó 4-1 ante Argentina y fue goleado 7-0 por Polonia. Ahora, la derrota contra Escocia en el primer partido amplía un registro negativo que alcanza cuatro caídas consecutivas, con apenas dos goles anotados y 15 recibidos en la historia del torneo. Ahora, su duelo ante la pentacampeona se presenta como una oportunidad de demostrar que todavía hay historias que emocionan en un Mundial.