La llamada “pared de fuego” detectada por las Voyager no es una muralla literal ni un descubrimiento recién ocurrido. Es una forma llamativa de describir la heliopausa, la frontera donde la burbuja creada por el Sol se encuentra con el medio interestelar. Sus temperaturas pueden alcanzar decenas de miles de kelvin, pero el plasma es tan tenue que las sondas pudieron cruzarlo sin quemarse.