Entrar en la iglesia de San Buenaventura este fin de semana es regresar a una Sevilla que solo permanece en la mirada de la Soledad. La ciudad de los Duques de Montpensier, del Puente de Barcas a punto de sucumbir, de la vecina Plaza Nueva recién levantada, la de la vida lánguida que mira con la misma melancolía que la Virgen su pasado esplendoroso. La Virgen se ha arrodillado en el monte de los recuerdos del año en que nació. José Antonio Grande de León y los priostes la han ayudado a volver a 1851, cuando salió del taller de Gabriel de Astorga para venir a aquella iglesia levantada en las huertas de los franciscanos de la Casa Grande en... Ver Más