Donald Trump declaró la guerra comercial a China para finiquitar el desequilibrio estructural y clamó victoria tras conseguir que Pekín le volviera a comprar soja y vender minerales raros. Después le declaró la guerra a Irán para cambiar su gobierno y eliminar su programa nuclear y clamó victoria tras conseguir que Teherán reabriera el estrecho de Ormuz. El drama para Estados Unidos no es que las cosas estén como estaban: por el camino ha comprobado el mundo que la mayor potencia económica no puede con China ni la mayor potencia militar mundial puede con Irán.Seguir leyendo....