Giménez Barriocanal: «España ha marcado el camino para los próximos viajes de León XIV»

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Aunque la Conferencia Episcopal conoció en enero la intención de León XIV de viajar en junio a España, los preparativos se han tenido que concentrar en los últimos cuatro meses. Por esa razón, la organización general recayó en dos personas con experiencia en viajes papales anteriores: Yago de la Cierva y Fernando Giménez Barriocanal, también vicesecretario general para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal. Este último hace un balance de la vista para ABC. —Ahora que ya ha pasado y se puede contar, ¿qué es lo que más miedo les daba? ¿Cuál es el acto ante el que había mayor prevención? —Lo más complicado eran los grandes eventos en la calle y, por tanto, la misa de Cibeles. Era un escenario que no se terminó hasta el mismo día, con unas medidas de seguridad ciertamente complejas, con la dificultad de poder acomodar a mucha más gente de la que podía venir, con la preocupación de que todo saliera bien, con que los obispos no se me cayeran por las escaleras... ¡Cada vez que bajaban y subían estaba temblando! La verdad es que ha sido increíble que no haya habido incidentes ni problemas. —En la preparación conocimos aquel dosier que marcaba distintos niveles de colaboración y daba la impresión de que le estaba poniendo precio a saludar al Papa. ¿Ha causado problemas para recabar la financiación? —Fue algo desafortunado por nuestra parte. El Papa siempre agradece a todo el mundo y probablemente la forma de explicitar ese agradecimiento no fue la más adecuada. En cualquier caso, eso no ha restado nada ni a la financiación ni al brillo de la jornada. —Han gestionado cinco organizaciones distintas, formas diferentes de concebir la Iglesia y, por tanto, de enfocar un viaje, incluso algunos egos mayores que otros. ¿Ha sido esa la tarea más compleja de la organización general para dar coherencia a todo el viaje? —Los grandes protagonistas del viaje eran las diócesis. Y, en ese sentido, a quien hay que darle la enhorabuena es a Madrid, a Barcelona, a Sant Feliu, a Canarias y a Tenerife, que han sido capaces de organizar unos actos que han permitido que millones de personas hayan vibrado con el Papa. Nosotros teníamos que hacer una labor de coordinación que no era sencilla porque debíamos aglutinar todas estas sensibilidades. Por otro lado, había servicios —por ejemplo, todo lo que tenía que ver con las equipaciones de los voluntarios o los materiales de catequesis— que teníamos que organizar nosotros. Y luego teníamos que coordinarnos también con la Nunciatura, con la delegación pontificia y con las autoridades centrales. Y eso no siempre es fácil. —¿Cuál ha sido esa dificultad? –Porque cada uno tiene su preocupación. La Santa Sede, lógicamente, quiere que el Papa no muera en el intento y, por tanto, intenta restringir las cosas. Luego ya nos encargamos los demás de hacerlas pasar, como se las hicimos pasar al Papa, que no paró. La Administración General tiene muchísima preocupación por la seguridad. Y, al final, conseguimos que hubiera mucho más papamóvil en Madrid, porque era importante. Con la buena voluntad de todos, con paciencia y también con algunos errores, por supuesto, hemos conseguido que todo haya funcionado razonablemente bien. —¿Había presión añadida por el hecho de que fuera el primer gran viaje a un país occidental, mayoritariamente católico, de este pontificado? —Ha sido la gran oportunidad de establecer un iter que luego pudieran seguir otros. Me consta que lo han visto con admiración algunos, especialmente los franceses, que son los próximos a los que les toca, y algunos con cierta preocupación, porque realmente ha sido un viaje muy completo tanto en la organización como en los mensajes del Papa. Si repasamos los discursos del Santo Padre, uno se da cuenta de que lo ha tocado todo. El mensaje ha sido absolutamente completo, integral y coherente con la fe, y yo creo que lo ocurrido en España ha marcado el camino para los próximos viajes de León XIV. —¿En qué parte hace autocrítica la organización? —En muchas cosas. Primero, porque no ha habido tiempo. Nos hubiera gustado preparar mejor los actos, nos hubiera gustado licitarlos con más plazo, nos hubiera gustado estar más coordinados, algo que era muy complicado porque incluso en materia comunicativa había una parte central y otra en cada diócesis. Ha habido muchas cosas que se podrían mejorar, sin duda alguna, y que tal vez habríamos hecho de otra forma. Como cada sede preparaba sus cosas, a lo mejor algunas se han reiterado y otras se podían haber acentuado más. Pero ha salido todo, gracias al Espíritu Santo, porque nosotros somos muy torpes. —¿Está ya el examen corregido por parte del Vaticano? ¿Ya les han puesto nota o es demasiado pronto para eso? —Todavía es pronto. El gran fruto nace en el corazón de millones de personas que han seguido la visita, que se han encontrado con cosas concretas que les han cambiado la vida. Además, se han encontrado con un Papa que no conocían, porque hemos visto el genio de Juan Pablo II, hemos visto la profundidad doctrinal de Benedicto XVI y hemos visto a Francisco tocar el corazón de la gente. En este Papa lo hemos visto todo junto. —Contaba Luis Argüello que, en la conversación que mantuvieron, le dijo: «Ahora os toca a vosotros». En ese sentido, ¿qué es lo que ahora le toca a la Iglesia española? —Hay todo un mensaje social que tiene que ver con el bien común y con la dignidad de toda persona humana que hay que poner en práctica, sin duda alguna. Hay que salir a la calle a evangelizar, a dar razón de la fe y, además, hay que tener una especial preocupación por las personas a las que el Papa ha señalado y con las que se ha reunido. —¿Incluidas las víctimas de abusos a menores? —Incluidas todas las víctimas, todas las personas que sufren en este país. Y lo hemos visto también entre la gente joven: las víctimas de abusos, las víctimas de trata, las víctimas de la soledad, las víctimas de las dependencias, las víctimas de una sociedad que prima más el tener que el ser. Ahí tiene que estar la Iglesia. Y, por tanto, ese es un toque de atención muy importante.