El terremoto de Tōhoku de 2011 todavía sigue dejando lecturas nuevas. Más de una década después, los datos apuntan a que Japón pudo desplazarse entre 5 y 6 milímetros por una onda sísmica que viajó hasta las profundidades de la Tierra y volvió.Hablamos de un seísmo de magnitud 9,1, uno de los más potentes registrados, que provocó un tsunami devastador y la crisis nuclear de Fukushima, dejando en total 15.859 muertos, 2.556 desaparecidos y 6.152 heridos. Una devastadora tragedia.Cuando la Tierra devuelve el golpe minutos despuésTras el terremoto, una onda habría descendido unos 2.900 kilómetros hasta la frontera entre el manto terrestre y el núcleo externo, una zona donde el interior del planeta cambia de comportamiento. Allí no siguió avanzando sin más, sino que rebotó y regresó hacia la superficie.Según el análisis, liderado por la sismóloga Sunyoung Park, de la Universidad de Chicago, la onda pudo regresar a Japón con la fuerza suficiente como para provocar un pequeño desplazamiento del terreno hacia el este. En concreto, algunas zonas del país aparecían desplazadas entre 5 y 6 milímetros. Para cualquier persona es una cifra ridícula, que, evidentemente, no ni notará, pero en geología ese detalle importa. Sobre todo porque, tras el paso de una onda sísmica, lo esperable es que el suelo oscile y luego vuelva a su sitio. En este caso, sin embargo, algunas estaciones no regresaron exactamente al punto de partida.Cuando se percataron de esta información, los investigadores valoraron un posible error en los datos. Sin embargo, al revisar y corregir las mediciones, el desplazamiento seguía apareciendo. Tampoco encajaba del todo con otras hipótesis, como un deslizamiento submarino o el propio movimiento principal del terremoto.Por ello, la explicación más probable es que la onda reflejada habría actuado como un empujón tardío sobre una falla que ya estaba cargada de tensión. Es decir, no habría provocado otro gran terremoto, sino un deslizamiento muy repartido en la zona de contacto entre placas tectónicas.El movimiento habría liberado una energía comparable a la de un terremoto de magnitud 7,5, pero sin comportarse como una ruptura concentrada. Al estar distribuido por una superficie enorme, el resultado en superficie fue mucho más discreto: milímetros en las mediciones, no una nueva sacudida devastadora.Si se confirma, sería la primera vez que se identifica un deslizamiento de falla provocado por una onda sísmica que rebotó en el límite entre el manto y el núcleo. Parte de la energía del terremoto habría bajado al interior profundo del planeta, vuelto minutos después y terminado de mover ligeramente una zona que ya estaba al límite.