Hay una escena en Titanic que todo el mundo recuerda. Jack Dawson pide a Rose DeWitt Bukater que pose para él en el camarote y, con un lápiz de carboncillo, la retrata tumbada sobre un sofá. El momento definió una generación de espectadores y se convirtió en una de las imágenes más reconocibles del cine de los noventa. Una de las más imitadas, también.Lo que casi nadie sabe es que la mano que aparece en pantalla dibujando el retrato no pertenece a Leonardo DiCaprio. Es la de James Cameron, el director de la película. DiCaprio no sabía dibujar y Cameron, que se formó como ilustrador antes de dedicarse al cine, decidió hacerlo él mismo.La escena fue, de hecho, una de las primeras que se rodaron. Cameron quiso empezar por ahí para que Winslet y DiCaprio se conociesen en un contexto íntimo y la química entre ambos surgiese desde el primer día de trabajo. Era una apuesta arriesgada con dos actores que apenas se conocían. La estrategia funcionó.El truco del espejo en la sala de montaje El problema surgió en el plano detalle de la mano. Cameron es zurdo y DiCaprio diestro, así que el trazo iba en la dirección contraria a la que cabría esperar del personaje. La solución fue ingeniosa: en la sala de montaje invirtieron la imagen como un espejo para que el dibujo pareciese obra de un artista diestro.DiCaprio nunca llegó a coger el lápiz en esa escena. Según confirmó la propia Winslet en una entrevista con Stephen Colbert, posó con un bañador puesto, no desnuda, mientras Cameron trabajaba en el boceto sentado frente a ella. El encuadre cerrado hizo el resto: el público vio lo que la cámara quiso mostrar. La película arrasó en los premios Oscar con once estatuillas, incluida la de mejor película y mejor director.El dibujo original de Cameron sobrevivió al rodaje y durante años permaneció guardado entre el material de producción. En 2011, la casa de subastas Premiere Props lo puso a la venta junto con otros objetos de la película y un coleccionista lo adquirió por 16.000 dólares. Pocos accesorios de cine han tenido una segunda vida tan célebre. El récord de nominaciones que Titanic ostentó durante años convirtió cualquier objeto vinculado al rodaje en pieza de coleccionismo.Veintiocho años después de su estreno, la mano de Cameron sigue apareciendo en pantalla cada vez que alguien pone la película. La ilusión sigue intacta.