Su plan para frenar el cambio climático es "apagar el Sol": por qué hay científicos aterrados

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La idea parece sacada de una serie o película de ciencia ficción, pero la realidad es que cada vez se estudia más en serio: enfriar la Tierra reflejando parte de la luz solar antes de que llegue a la superficie. Es lo que se conoce como geoingeniería solar, una propuesta extrema para intentar ganar tiempo frente al calentamiento global.El problema es que tocar algo tan grande como la radiación solar no funciona como bajar un interruptor. Varios investigadores advierten de que sus efectos reales podrían ser mucho más imprevisibles de lo que sugieren los modelos actuales.¿Qué significa realmente “apagar el sol”?No se trata de apagar el Sol, sino de reducir ligeramente la cantidad de energía solar que llega al planeta. Una de las ideas más estudiadas consiste en liberar en la estratosfera, una capa alta de la atmósfera, para que reflejen una pequeña parte de la luz.El concepto se inspira en lo que ocurre tras grandes erupciones volcánicas. Cuando el volcán Pinatubo entró en erupción en 1991, las partículas lanzadas a la atmósfera ayudaron a bajar temporalmente la temperatura global. En teoría, imitar ese efecto podría servir para compensar parte del calentamiento.Pero es ahí donde justamente empieza el problema, pues una erupción es un fenómeno puntual, mientras que un sistema artificial tendría que repetirse y controlarse durante años. Y si algo sale mal, no hablamos de un experimento de laboratorio, sino del clima de todo el planeta.Una solución rápida con riesgos enormesUn estudio de la Universidad de Columbia advierte de que muchos modelos trabajan con escenarios extremadamente perfectos, o sea, partículas ideales, colocadas en el lugar exacto, en la cantidad justa y en el momento adecuado. La realidad sería mucho más improbable, cara y difícil de coordinar.La latitud, la altitud y la época del año en la que se liberan esas partículas podrían cambiar por completo el resultado. Una intervención cerca de los polos podría afectar a los monzones tropicales, mientras que hacerlo cerca del ecuador podría alterar corrientes de aire clave para el clima mundial.Por eso muchos científicos temen que una medida pensada para evitar daños acabe creando otros nuevos. No es una preocupación menor en un mundo que ya se enfrenta a escenarios como cinco veces más sequías extremas para millones de personas.El miedo también es políticoLa geoingeniería solar no solo plantea dudas científicas, también abre una pregunta muy incómoda… ¿Quién decide cuánto se enfría el planeta y a quién perjudica ese cambio? Una intervención que beneficie a unas regiones podría alterar lluvias, cosechas o patrones climáticos en otras.Por eso la Unión Europea ha pedido mucha cautela y varios expertos reclaman límites claros antes de que gobiernos o empresas privadas empiecen a probar otras tecnologías. Al mismo tiempo, otros planes extremos contra el calentamiento, como cerrar el paso entre Alaska y Siberia, muestran hasta qué punto la crisis climática está empujando ideas cada vez más radicales.Sin mucho más que añadir, reflejar la luz solar podría parecer una salida rápida, pero no sustituye a reducir emisiones. Y si se aplica mal, el remedio podría convertirse en otro problema planetario.