La Tierra esconde dos enormes “burbujas” a 3.000 kilómetros de profundidad. No podemos verlas, pero podrían explicar por qué nuestro campo magnético se ha mantenido estable durante millones de años
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La combinación de datos sísmicos, registros paleomagnéticos y simulaciones por supercomputador revela que las estructuras del manto profundo podrían influir directamente en la dinámica del núcleo terrestre.