Los científicos creían tener bastante claro hasta dónde podían llegar los vientos ultravioletas generados cerca de agujeros negros supermasivos. Pero el cuásar J2318 acaba de desafiar esa idea: expulsa gas ionizado a una velocidad cercana al 30 % de la luz, una cifra extrema que pone contra las cuerdas a los modelos actuales.