«Cada día un niño se expone a dos contenidos inapropiados»: cómo elegir el móvil más seguro

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El primer teléfono de un hijo suele llegar unido a una pregunta difícil: cuánto acceso necesita para comunicarse sin abrirle de golpe todas las puertas de internet. La respuesta depende de su edad, de la autonomía que tenga y de las normas que la familia pueda sostener a diario.La compra tampoco se reduce a escoger entre iPhone y Android. Existen móviles básicos que solo llaman y envían mensajes, modelos híbridos con aplicaciones aprobadas por los padres y teléfonos inteligentes completos. Cada escalón añade posibilidades y también vías de escape frente a los límites configurados.El riesgo no procede solo de una web concreta. Vídeos recomendados, mensajería, redes sociales, publicidad y contactos desconocidos pueden llevar material dañino hasta la pantalla. Por eso, antes de comparar cámaras o almacenamiento conviene decidir qué funciones necesita de verdad el menor y cuáles pueden esperar.Tres niveles de accesoLos móviles básicos conservan llamadas, SMS, alarmas y algún juego, pero suelen carecer de tienda de aplicaciones y navegador útil. Son apropiados cuando el objetivo consiste en localizar al menor y permitir que avise a casa. La selección publicada por TechRadar parte de un dato atribuido a Bertie Aspinall, cofundador de SafetyMode: de media, cada niño recibe dos contenidos dañinos al día. Una buena configuración infantil reduce la exposición, aunque no sustituye la conversación familiar.En el nivel intermedio aparecen teléfonos con aspecto moderno y un catálogo cerrado. Algunos permiten cámara, mapas, WhatsApp o música, pero reservan a los adultos la instalación de programas. Otros incorporan filtros para impedir que se muestre, capture o guarde desnudez. Este equilibrio conserva parte de la vida social sin entregar una tienda abierta, si bien ningún bloqueo es infalible. Las aplicaciones de bóveda demuestran que un menor hábil puede ocultar actividad a sus padres. El uso del teléfono móvil en los jóvenes es una cuestión preocupanteUn smartphone convencional ofrece herramientas escolares, mapas, pagos, juegos y todas las redes. También es la opción más difícil de cerrar. Las cuentas infantiles de Apple y Google permiten aprobar descargas, fijar tiempo de pantalla, limitar contactos y conocer la ubicación. Aun así, la supervisión requiere ajustes periódicos porque las funciones cambian, aparecen nuevas aplicaciones y los adolescentes aprenden a sortear restricciones.Controles útiles, límites realesUna configuración sensata empieza con una cuenta infantil separada, contraseña conocida por el adulto y compras sujetas a aprobación. Después llegan los horarios, filtros del navegador, bloqueo de instalaciones externas y una lista corta de contactos. La red doméstica también puede ayudar: algunos equipos permiten crear perfiles, bloquear categorías y pausar la conexión. Las reglas deben funcionar fuera de casa, donde el móvil utilizará datos y otras redes wifi.En España, la edad media del primer terminal se sitúa cerca de los once años, de acuerdo con datos de Unicef manejados por el Ministerio de Juventud e Infancia. Además, el 94,8% de los adolescentes dispone de teléfono con internet y el 90,8% se conecta todos o casi todos los días. Estas cifras, recogidas al anunciar un control parental gratuito, muestran que la desconexión total resulta poco habitual y que la educación digital debe acompañar al aparato.Antes de comprar, conviene comprobar cobertura, duración de la batería, resistencia, coste de las suscripciones de seguridad y facilidad para administrar el dispositivo. Un teléfono más caro no protege por sí mismo. El modelo adecuado es el que permite crecer por etapas, añadir funciones cuando el menor esté preparado y retirar permisos si surge un problema.La medida más útil sigue ocurriendo fuera de la pantalla: acordar cuándo se usa el móvil, dónde duerme por la noche y qué debe hacer el niño si recibe una imagen, una petición o un mensaje que le incomoda. Los filtros reducen encuentros indeseados, pero la confianza permite pedir ayuda a tiempo cuando alguno consigue atravesarlos.