Un estudio publicado en Nature Geoscience describe pulsos rítmicos de roca caliente ascendiendo desde el manto bajo la región de Afar, en Etiopía. Estos movimientos profundos no parten África de golpe, pero ayudan a estirar y adelgazar la corteza en una de las zonas tectónicas más activas del planeta, donde algún día podría abrirse una nueva cuenca oceánica.