"A todo el mundo le da miedo abrir la puerta". Así describe una vecino de la barriada del Carmen de Jerez el ambiente que se respira en su edificio desde que, hace una semana, una de las propietarias —tras desalojar a la inquilina que tenía la vivienda en alquiler— se instalara a vivir allí junto a otra persona.Desde entonces, los vecinos de este bloque de pisos aseguran que no pueden descansar ni sentirse seguros en su propio hogar, un edificio que describen como habitado por "gente trabajadora" que madruga, y entre cuyos residentes hay niños con Trastorno del Espectro Autista y hasta un bebé de menos de un año.El relato de los hechos es alarmante. Según los vecinos, los nuevos ocupantes mantienen además dos pitbulls sueltos por las zonas comunes del inmueble, lo que les impide hacer vida normal, ya que hay inquilinos que tienen miedo a salir de sus casas.Pero el problema más grave, denuncian, son los episodios de violencia extrema que se repiten a cualquier hora: "Empiezan a decirse insultos, sacan cuchillos, se tiran por las escaleras...", relata una vecina. Porque asegura haber sido testigo de cómo, a las siete de la mañana, "han tirado a una persona por la escalera"."No nos hacen caso"Lo que más indigna a los vecinos es la sensación de desamparo. Aseguran haber llamado "tantas veces" a las fuerzas de seguridad que ahora, al reconocer su número, no contestan a sus llamadas. Cuando consiguen que acuda alguna patrulla, el resultado les resulta insuficiente.Ante la falta de respuesta, los propios residentes han optado por documentar lo que ocurre: "Estamos grabando los pitbulls sueltos", explican, en un intento de aportar pruebas que respalden sus denuncias. La angustia del vecindario ha llegado a un punto límite. Hay quien asegura que la situación le ha llevado a plantearse algo que nunca imaginó: "Yo trabajo, me compré mi piso, y ahora quiero venderlo porque así no puedo vivir".