Las ilusiones perdidas

Wait 5 sec.

España se volcó como país en la organización del Mundial de 1982 , el primero y el único celebrado en nuestros estadios. Se modernizaron los campos, se remodelaron los aeropuertos, se mejoraron los accesos a las ciudades, se construyó Torre España y se llevó a cabo una campaña internacional con 'El Naranjito' como emblema. Todo parecía a favor para acabar con la maldición del pasado. Pero nuevamente todo salió mal. La Roja sólo pudo ganar un partido y gracias a la ayuda arbitral. El desencanto fue mayúsculo con una selección que, atenazada por los nervios, desarrolló un juego pésimo. La cita llegó un año después del golpe fallido de Tejero cuando España se hallaba en la recta final de la Transición. Leopoldo Calvo-Sotelo era el presidente del Gobierno mientras UCD se desangraba por sus divisiones internas. Se designó un comité organizador con pesos pesados como Saporta, Samaranch y Porta, que contribuyeron a una perfecta planificación. Los atentados de ETA, la crisis económica, la inflación y las tensiones políticas habían generado un ambiente de pesimismo en la sociedad española, ilusionada con un Mundial en el que teóricamente había un plantel capaz de asumir el reto a las órdenes de José Emilio Santamaría . La Real Sociedad aportaba seis jugadores, el Real Madrid, cinco y el Barcelona, cuatro. España venía de hacer un triste papel en la Eurocopa de 1980, la fase de preparación no había sido alentadora, pero Santamaría contó con talentos individuales como Juanito, Arconada, Gordillo, López Ufarte, Zamora, Quini, Alexanco y Tendillo, que a priori ofrecían garantías de un buen rendimiento. Algunos de ellos como Juanito no volverían a vestir la camiseta nacional. El primer partido contra Honduras en Valencia encendió las luces rojas, de manera similar a lo sucedido con Cabo Verde . Frente a un equipo que debutaba en la competición y sin jugadores de renombre, España no pudo pasar del empate. La prensa achacó a los nervios el fiasco y hubo quien disculpó el bajo rendimiento por el brusco cambio climático, ya que los hombres de Santamaría habían estado concentrados en los Pirineos. En el segundo partido, el juego empeoró. Los españoles no daban una a derechas frente a una Yugoslavia claramente superior. España venció 2-1 gracias al favor arbitral. El colegiado transformó en penalti una falta a Alonso fuera del área, que ordenó repetir cuando López Ufarte falló. Fue la única victoria en los cinco encuentros disputados. El tercer partido de la primera fase fue otro desastre. La selección, incapaz de generar ocasiones y atemorizada por las duras críticas, perdió frente a Irlanda del Norte por 1-0. Pero la combinación de resultados permitió el pase a la segunda fase, que era una liguilla de clasificación entre tres equipos. España perdió con Alemania 2-1 en el Bernabéu y luego empató a cero con Inglaterra en el mismo escenario. Quedó fuera de las semifinales, disputadas por Polonia, Italia, Alemania y Francia. El Mundial de 1982 fue el primero en ser disputado por 24 equipos en lugar de 16. Italia ganó el título tras derrotar a Alemania. Si los partidos de España fueron decepcionantes, la competición fue el escenario de encuentros vibrantes. En el grupo B de la segunda fase, coincidieron Italia, Argentina y Brasil, que jugaron en Sarriá. Fui testigo de los tres partidos. Recuerdo a 'la torcida' llorando tras la inesperada derrota frente a Italia. Brasil disponía de jugadores virtuosos como Zico, Socrates, Falcao y Toninho Cerezo, que practicaban un fútbol maravilloso. Pero perdieron un partido en el que dominaron y generaron numerosas ocasiones fallidas. Nuevamente la prensa nacional se ensañó con el seleccionador y los jugadores. Se les acusó de una preparación defectuosa, de una baja forma física y de falta de presión. Algunos exjugadores cuestionaron la lista y la táctica de Santamaría, que tuvo que irse después del torneo. El fracaso fue de tal calibre que los medios se negaron a elegir al mejor jugador español al considerar que ninguno había estado a la altura de las expectativas. En suma, una gran desilusión.