Un estudio publicado en iScience y liderado por la Universitat Autònoma de Barcelona analizó ADN antiguo de 54 recién nacidos enterrados en tres yacimientos del noreste peninsular. Los resultados muestran que las comunidades ibéricas mantuvieron una base genética muy estable entre la Edad del Hierro y el inicio de la época romana, pese a siglos de contacto con otras culturas mediterráneas.