Hay una pregunta que el cine contemporáneo parece incapaz de responder: ¿cuándo termina una historia? No cuándo acaba una película, que eso lo indican los créditos, sino cuándo una narración ha dicho ya todo lo que tenía que decir. La respuesta de Hollywood es que mientras quede una entrada por vender, una palomita por consumir o una línea de merchandising por explotar, la muerte artística será aplazada indefinidamente. Por eso llega esta semana a las pantallas Toy Story 5. Y una no sabe si sentir ternura, nostalgia o una inquietud metafísica. Porque la saga que nos enseñó que los juguetes tenían alma parece haber descubierto que las franquicias también la tienen, aunque no las usen de igual manera. Cuando se... Ver Más