Los quásares son los objetos más luminosos conocidos en el Universo y su energía sería equivalente a la de un billón de soles. Fue la definición 'mágica' que usó una paciente de cáncer en la carta de agradecimiento que dejó a las técnicas de radioterapia de un hospital sevillano. Y de esas palabras nació un proyecto que busca en el arte una forma de paliar esta enfermedad, dibujando una geografía emocional a través de las personas que conviven a diario con la sombra oncológica. Los cuatro hijos que ha dado a luz el proyecto son un corto íntimo sin necesidad de ponerle rostro a los enfermos y los que sufren a su lado; una serie sonora de espiritualidad e ilusiones; ilustraciones de sátira para el que ve el cáncer de lejos y esperanza para el que lo ve de cerca; y un álbum fotográfico de luz. La puesta de largo se tradujo en una lección magistral de emociones y aprendizaje. Despejada la duda de qué era un quasar y entendido el propósito de este plan que han sentado en una misma mesa a creadores, mediadores culturales, la UNIA y Quirónsalud, la primera enseñanza que dejé grabada fue la de desterrar del léxico oncológico todo término belicista. Los pacientes no son luchadores que van a la guerra, porque la muerte no es la derrota de un soldado. Ante el nuevo escenario que se le abre a una persona, todos los elementos que conforman su círculo, entre sanitarios y familiares, tratarán de alcanzar la curación, pero todo no está en la mano de la ciencia. La segunda convicción que alcance es que quizás el arte no cura pero alivia, porque permite a cada paciente que tiene que afrontar esta etapa vital acercarse de una forma distinta a sus pensamientos, sus nervios, sus emociones o sus miedos, como el de una madre que no teme perder la belleza con la caída del cabello, sino olvidar la sensación de ver a su hija dormirse mientras acaricia su pelo. Hay lugar para la fe y para la creencia en quienes no te sueltan de la mano para no darte de espaldas en la tierra. Por haber, hay quienes ya tiene organizado su entierro. Porque contra el cáncer también hay hueco para una sesión de humor.