El Galbot G1 ya trabaja en un kiosko automatizado de Pekín, donde atiende pedidos y sirve bebidas a los clientes. A simple vista, lo más llamativo es su ritmo pausado, casi torpe. Pero la clave está en otra parte: el robot está funcionando como banco de pruebas en tiempo real para validar su visión artificial, su modelo de lenguaje y su capacidad de actuar sin depender de rutinas cerradas.