Un nuevo estudio describe un caso notable de evolución convergente: dos linajes de hongos, separados por una enorme distancia evolutiva, desarrollaron de manera independiente la capacidad de producir psilocibina. El hallazgo no solo ayuda a entender cómo surge una molécula capaz de alterar la mente, también abre nuevas pistas para investigar terapias psicodélicas contra la depresión y otros trastornos.