Cristina Moya, la Kiki para sus colegas, lleva 22 años poniendo azulejos. Lo dejó todo en 2004, un trabajo estable como asistente infantil en una guardería, para meterse en una escuela de taller de construcción en Córdoba. Dos años de formación, un contrato de oficial de segunda y, desde entonces, obra tras obra sin parar.Seguir leyendo....