El químico sevillano Jesús Campos fue el mejor expediente de su promoción en la Universidad de Sevilla y completó su formación de posgrado en las universidades de Manchester, Carolina del Norte, Yale, Oxford y Berkeley California. Autor de más de cien publicaciones científicas y miembro de la Academia Joven de España, pudo regresar a Sevilla gracias a un proyecto internacional que lidera en el Instituto de Investigaciones Químicas, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). A pesar de tener menos de 40 años, ha recibido varios premios nacionales e internacionales a la excelencia investigadora, el último de ellos el Premio Nacional de Investigación para jóvenes. -Hace poco el Rey Felipe VI le entregó el Premio Nacional de Investigación en una ceremonia que tuvo lugar en el Palacio de Pedralbes. ¿Qué le dijo, aparte de darle la enhorabuena? -Fue muy cordial. Así como otros políticos se fueron rápidamente después de la foto, él se quedó, junto a la ministra de Ciencia, que fue amabilísima también. Estuvimos hablando de las cosas cotidianas, un poco de ciencia y de ciencia ficción, curiosamente nos recomendó que viéramos una película de ciencia ficción, la que protagoniza Ryan Gosling y se llama «Misión: Salvación» que, por cierto, aún no he podido ver. Fue todo muy agradable y el acto resultó muy emotivo. Cuando los políticos que tantas veces están metidos en el barro y en discusiones y con una sociedad tan polarizada, se reúnen en un acto así como dar un premio, disfrutan también con nosotros. - Se entregaron unos veinte premios. ¿De qué lugares de España procedían los científicos premiados? -La mitad eran catalanes y eso es por algo. Los catalanes no son más guapos ni más listos que los andaluces. -¿Entonces por qué? -Por la inversión a nivel región que ha hecho Cataluña en ellos. Los catalanes acceden a los mismos proyectos nacionales que los andaluces, lo que pasa es que tienen una inyección, una apuesta por la investigación de la Generalitat que aquí nunca hemos tenido. Y también de fundaciones privadas. Allí, por ejemplo, existe un programa potentísimo, el ICREA, donde tú tienes un contrato durante cinco años y se te va evaluando cada cinco años, tu salario va a depender de cómo es esa evaluación, con lo cual imagínate, al final vivimos en un mundo capitalista. Si tu salario depende de cómo o sea tu performance haciendo investigación, pues la gente aprieta; y si no depende de eso, pues la gente se relaja por la propia condición humana. Y no juzgo a nadie.