Fabián Ruiz Peña, hoy estrella del Paris Saint Germain (PSG), y Pablo Páez Gavira, más conocido como Gavi, absoluta revelación del Fútbol Club Barcelona, son dos jugadores nacidos a solo unas cuantas manzanas de distancia en el municipio sevillano de Los Palacios y Villafranca. El primero, con 30 años, y el segundo, con 21, forman parte de ese trío de ases del fútbol mundial que ha facilitado concatenar generaciones muy próximas de futbolistas punteros que ha encabezado hasta hace bien poco el campeón de campeones Jesús Navas, otro palaciego que ya anda por los 40 años. En una década absolutamente prodigiosa para el fútbol español han confluido tres futbolistas de los que marcan época, y para la Selección Española no ha podido resultar más milagroso que el 27% de su once inicial provenga no solo de Andalucía o no solo de la provincia de Sevilla, sino del mismísimo pueblo que se ha ganado una fama indiscutible por sus tomates. Que la cuarta parte del equipo que representa a un país de casi 50 millones de habitantes sea de un pueblo que no llega a los 39.000 hizo saltar todas las alarmas de los estudios estadísticos porque, sencillamente, no es normal ni cabe en la lógica de las probabilidades.Antonio Salmerón porta el retrato de Fabián en su época de pequeño futbolista palaciego, junto a Batalla, el entrenador de Gavi. -JUAN CARLOS TOROAhora, en este Mundial que ya ha empezado al norte del continente americano y donde la Selección Española se estrena este lunes frente a Cabo Verde, brillan con luz propia dos de estos jugadores que están en la cumbre de sus carreras (18% del equipo que juega) y que el seleccionador Luis de la Fuente no ha dudado en convocar “con el único criterio de ganar, que es el criterio que tiene un entrenador”, sostiene quien entrenara por vez primera a Gavi allá en su pueblo, hace solo tres lustros, Manuel Vasco Batalla, cuando el jugador era un niño de seis años “que se transformaba en el terreno de juego” y Batalla, como es conocido este palaciego de 68 años, venía ya de haberlo sido todo en un club donde empezó de jugador y terminó de directivo: La Liara Balompié, que en 2028 celebrará su primer centenario.Salmerón, en su pequeña oficina de la escuela municipal de fútbol La Unión.-JUAN CARLOS TOROManuel Vasco, más conocido como 'Batalla', fue el primer entrenador de Pablo Páez Gavira, 'Gavi'.-JUAN CARLOS TOROBatalla es bético por los cuatro costados, y reconoce la estima que se le tiene en el equipo verdiblanco a Fabián Ruiz Peña, la otra estrella que no entrenó él, sino su colega Antonio Salmerón, director de la Escuela municipal de fútbol La Unión, adonde llegó el hoy indiscutible central de la Selección cuando no había cumplido todavía los cuatro añitos. “Pudo haberse ido al Nápoles cuando acabó su contrato con el Betis, y sin embargo consintió un nuevo contrato para que el Nápoles tuviera que pagar por él 30 millones, y ese gesto no se olvida”, recuerda Batalla mientras Salmerón, de 61 años, sonríe a su lado, recordando aquel primer día en que el pequeño Fabián, “tímido como él solo, y que hablaba solo con el balón”, llegó al estadio municipal Marismas. “Una cosa que poca gente sabe”, añade Salmerón, “es que ya entrenaba aquí el hermano de Fabián, Alejandro, que tenía seis años más que él y que también era un jugador para llegar a donde hubiera querido, pero decidió dedicarse a sus estudios de Arquitectura”, señala.Estampa de los chavales del Mosqueo entrenando en el estadio municipal Marismas, esta semana en Los Palacios y Villafranca.-JUAN CARLOS TORO“Gavi era también muy tímido”, reconoce Batalla, que lleva toda su vida trabajando en el fútbol base, “pero lo que pasa con este tipo de jugadores es que se transforman cuando salen al terreno de juego, porque son competitivos al máximo”. “No sé muy bien la razón, pero los buenísimos futbolistas que salen de este pueblo no se arrugan, será porque somos gente del campo y de la construcción, con mucho orgullo”, añade, y sigue contando: “Recuerdo una vez que fuimos a jugar a Morón y yo ya tenía un punta que era el mejor de estos contornos y no quería quitarlo de su posición, con lo que le ofrecí al pequeño Gavi, que tendría todavía seis años, que jugara de lateral”. El chico no quería, pero su primer entrenador lo dejó en el vestuario para que reflexionara con el otro compañero: “Le dije: o sales por la derecha o te dejo en el banquillo y ya te pongo donde tú quieres si hago un cambio”, recuerda Batalla como si no hiciera 15 años. “Enseguida me dijo que salía por la derecha porque era capaz de jugar en cualquier posición”.Ficha de Gavi en su época de prebenjamín, cuando jugaba en La Liara.- Fue entonces, en aquellos meses del invierno de 2011, cuando Batalla le dio la ficha de Prebenjamín a su hija para que la archivara como lo hacía con todos los chiquillos con que él era capaz de profetizar algo. “Este seguro que termina jugando en Primera División”, le dijo a su hija, y esta guardó la ficha, con la cándida foto del pequeño Gavi sin demasiada convicción “porque no tenía edad para saber nada con certeza de él”, reconoce Batalla, y añade: “Lo que yo no pude imaginar es que, además de jugar en Primera, iba a llegar a jugar en el Barcelona hasta ganar tres Ligas y, menos aún, que iba a batir todos los records de precocidad hasta para conseguir lo que va a hacer ahora: jugar su segundo Mundial con solo 21 años”. Y todo ello a pesar de otro historial intenso de lesiones que lo han mantenido contra su voluntad fuera del terreno de juego.Fabián es un auténtico ídolo en su pueblo, y su primer entrenador reivindica el papel de las escuelas de fútbol. -JUAN CARLOS TOROTodo empezó aquí“¡Ahí empezó todo!”, señalan en una campaña de Movistarplusdeportes en sus redes sociales que ha conseguido decenas de miles de reacciones desde ayer al vestir a los jugadores de la Selección con las camisetas de los clubes en los que jugaron durante su formación como futbolistas. “Como ha hecho la Selección Noruega”, indican. En ella aparecen Gavi con su antigua camiseta de La Liara y Fabián con su equipación de la Escuela Municipal de Fútbol La Unión. Es exactamente lo que reivindican los entrenadores de Fabián y Gavi después de que tantos medios hayan insistido estos días en que Fabián salió de la cantera del Real Betis Balompié y que Gavi lo hizo de La Masía del Barça. “Y entonces los seis años que se llevó Fabián aquí, ¿qué hacíamos con él? ¿jugar al parchís?”, dice indignado Salmerón, porque “siempre se habla de los clubes potentes, mientras que de los humildes donde comienza de veras la formación, nada de nada”. Salmerón recuerda que fue fácil apodar a Fabián como "el pequeño Messi" porque jugaba como el argentino y buscaba de la misma forma las oportunidades de gol. "Estos jugadores nuestros eran goleadores desde el principio, por naturaleza, aunque luego hayan tenido que jugar en la posición que sea", confirma Batalla. Los entrenadores de Gavi y Fabián, que se conocen de toda la vida, posan juntos para lavozdelsur.es.-JUAN CARLOS TORO“Si no existieran estos clubes pequeños, ¿cuál sería el escaparate para los clubes grandes?”, insiste Salmerón, que ha aprovechado para exigirles “material deportiva para seguir formándoles jugadores para el futuro”. El director de la escuela municipal de Los Palacios y Villafranca deja un mensaje para determinados periodistas: “Documéntense bien y cuenten la novela desde el principio, donde comenzaron las primeras patadas a un balón”."Entonces, durante los seis años que se llevó aquí Fabián, ¿qué hacíamos con él? ¿jugar al parchís?"Cada vez que Fabián recibe un homenaje o reconocimiento, al menos cuando ocurre cerca, allá que va Salmerón como un primer descubridor de su talento que incluso le recomendó a sus padres mantenerlo en la escuela palaciega cuando el Betis “quiso llevárselo al Tablada porque todavía no tenía categoría para su edad”. “Les di mi opinión de que lo dejaran aquí y así ocurrió, que al final el Betis vino a por él cuando tuvo que venir”.Batalla acompaña a Gavi al recoger uno de sus primeros trofeos.- En el caso de Gavi, la llamada del Betis ocurrió antes aún, y “aquí estuvo solo dos años, pero fundamentales”, reconoce Batalla. “No podía haber ocurrido de otra manera con un jugador así”, dice, recordando los 96 goles que marcó Gavi con el equipo alevín de Heliópolis para que acto seguido se lo rifaran los principales clubes españoles, desde el Villarreal al Real Madrid y desde el Atlético de Madrid al Barça.Los ojos puestos en FabiánLos tuvo bien puestos Salmerón desde el principio, sobre todo “porque lo que aquí procuramos es que salgan buenas personas ante todo, y si después son buenos futbolistas, pues mejor”, dice el director de la escuela municipal La Unión en la puertecita de su minúscula oficina, generosamente decorada con fotos y recortes de Fabián, adonde acudió hace solo unas semanas el mismísimo Jesús Navas con uno de sus hijos y un billete de veinte euros en la mano para apuntarlo. “Me preguntó que a quién había que darle el dinero, porque a humilde no le gana nadie”, recuerda Salmerón.Al otro lado del terreno de juego, ocurre lo mismo con Gavi en la secretaría de La Liara, donde puede seguirse el rastro del jugador del Barcelona, por fotos, desde que compartía banquillo con sus amiguitos de seis años hasta que se ha hecho un hombre y se deja caer por aquí de vez en cuando, “porque le gusta mucho ver jugar a los chavales”, sostienen algunos padres que participan estos días en las jornadas de captación."La gente no es consciente de lo difícil que es que salga una estrella del fútbol"En el estadio municipal Marismas, y en el contiguo San Sebastián, entrenan no solo los chicos de la escuela municipal La Unión, sino todas las categorías de La Liara, el Mosqueo, El Club Deportivo Los Palacios y el Moñigas City. “La gente no es consciente de lo difícil que es que salga una estrella del fútbol”, sostiene Batalla, “porque hay miles de niños jugando al fútbol, porque hay miles de factores que pueden influir y porque la mayoría de los buenísimos jugadores que salen se quedan por el camino”. Por eso es más sorprendente aún que la Selección Española dependa en tan buena medida del talento de estos dos palaciegos de tan pura cepa.Manuel Vasco, más conocido como "Batalla", y Antonio Salmerón han visto pasar por este campo a fantásticos jugadores a lo largo de medio siglo.-JUAN CARLOS TOROY por eso es hasta comprensible que se equivocara Luis Enrique en el Mundial de Qatar de hace cuatro años al no incluir a Fabián, quien a estas alturas lo ha jugado todo con el actual técnico, Luis de la Fuente: 42 partidos con España, donde ostenta seis goles y 12 asistencias, además de haber impuesto su faceta goleadora desde la segunda línea, el talento que echó en falta Luis Enrique en 2022 y cuyo error reconoció algunos meses después: “No me llevé a Fabián al Mundial y creo que me equivoqué. En su momento creía que no, pero ahora lo puedo decir. Me equivoqué, debería haber estado”, dijo quien pudo corregir su error en el PSG al aterrizar en el club francés como entrenador para que precisamente Fabián pudiera demostrar todo su potencial al convertirse, junto a sus compañeros, en cuatro veces campeón de la Liga francesa, además de haber conseguido dos Copas de Francia, dos Supercopas de Francia, una Supercopa de Europa y dos Champions. Quién da más.Joaquín Bornes fue el primer jugador palaciego que aterrizó en la Primera División, hace solo un cuarto de sigloPero todo empezó hace un cuarto de siglo, cuando este pueblo había pasado de sacar un jugador en Primera División en todo el siglo XX, Joaquín Bornes, a ofrecer casi media docena en menos de veinte años: no solo Jesús Navas y su hermano Marco, sino Fabián y su primo Ismael Gutiérrez (que ha pasado del Betis al Xerez después de jugar en el Alavés), o este Gavi que sigue teniendo tanto por delante. Todo empezó en este pueblo que no solo da tomates, pero que tiene ya la costumbre de regalar su peso en tomates a los jugadores de fútbol tras sus grandes hazañas. Aunque no se lo coman. Porque eso de que salen muy buenos futbolistas de aquí porque comen mucho tomate no deja de ser un mito, claro. “A mí algunas veces me da hasta coraje”, dice Salmerón, “porque además del bombón colorao también tenemos muy buena uva, muy buenas sandías y muy buenos calabacines, y también hay que decirlo”. La vocación de descubridor, que no se agota.