Jerusalén es, en apariencia, una ciudad segura. Pasear por sus calles, por el centro urbano, por su mercado central, cien por cien judíos, es un placer para los sentidos. Claro que sorprende ver transeúntes luciendo fusiles de asalto a la espalda como si tal cosa fuera de lo más normal. De hecho lo es en Jerusalén, donde pasa con absoluta normalidad que una joven compre fruta a media mañana en el mercado de Mahane Yahuda cortejada por su fusil. O que un tipo con kippa y el hijo a hombros lleve una cartuchera con una pistola de 9 mm mientras se abre paso entre el gentío. Seguir leyendo....