Invitada de piedra a un proyecto en el que participaba con idéntico peso industrial que Francia y Alemania , España ni siquiera participó en la redacción del acta de defunción del avión europeo de combate (FCAS), programa imprescindible para la renovación de una flota aérea obsoleta y sin apenas vías de remplazo. La pancarta del 'No a la guerra' y el antiamericanismo de la Moncloa, que previamente y de forma irresponsable había rechazado la compra de los F35 de la estadounidense Lockheed Martin, deja al Ejército del Aire en una situación de precariedad que a corto y medio plazo solo puede agravarse. La cancelación del FCAS, consecuencia de la rivalidad empresarial de Berlín y París, pone de manifiesto la desvertebración militar de Europa en un momento crítico para su supervivencia y su independencia. Pesa más el interés nacional que la defensa compartida entre unos socios que siguen haciendo la guerra por su lado y por su cuenta, con España, aún peor, tapada con una pancarta ideológica y descolgada de cualquier proyecto que le proporcione una mínima garantía de seguridad.