Durante siglos, la trashumancia ha formado parte del paisaje y la cultura de la Península Ibérica. Miles de ovejas recorrían cada año largas distancias por las cañadas reales en busca de mejores pastos, siguiendo un sistema de aprovechamiento sostenible de los recursos naturales que ha contribuido a modelar algunos de los ecosistemas más valiosos del sur de Europa. Sin embargo, esta práctica ancestral atraviesa una situación crítica por la falta de apoyo institucional, los crecientes costes económicos y el deterioro de las vías pecuarias que amenazan con poner fin a una tradición que, además de su valor cultural, desempeña un papel fundamental en la conservación de la biodiversidad. La organización conservacionista SEO/BirdLife ha denunciado el abandono que sufren tanto la ganadería extensiva de secano como la trashumancia y ha reclamado medidas urgentes para garantizar su supervivencia. La advertencia se basa en los resultados obtenidos por el proyecto LIFE Agroestepas Ibéricas, una iniciativa que desde 2022 trabaja con más de veinte fincas demostrativas repartidas entre Extremadura, Aragón y el Alentejo portugués para estudiar la relación entre las prácticas ganaderas tradicionales y la conservación del medio natural. Los estudios realizados durante estos cuatro años muestran que las explotaciones ganaderas extensivas albergan algunas de las poblaciones más importantes de aves esteparias amenazadas de la Península. Entre ellas destacan la avutarda común y el sisón común, dos especies cuya supervivencia depende en gran medida del mantenimiento de hábitats agrarios tradicionales. Según los investigadores, las fincas donde se desarrolla una actividad ganadera extensiva presentan niveles de biodiversidad muy superiores a los observados en otros modelos más intensivos. La riqueza de insectos, la calidad de los pastos permanentes y la presencia de fauna silvestre son notablemente mayores en aquellas explotaciones donde el ganado continúa aprovechando los recursos naturales mediante el pastoreo. Para Marcelino Cardalliaguet, delegado de SEO/BirdLife en Extremadura y coordinador del proyecto LIFE Agroestepas Ibéricas, los beneficios ambientales de este sistema son evidentes. «Este sería el modelo de gestión ganadera más beneficioso para los pastos, que en estas fincas alcanzan un alto nivel de variedad y calidad, sin necesidad de sembrar compuestos de semillas ni añadir fosfatos, como se hace en otros modelos más intensivos», destaca. Los resultados del proyecto indican además que los beneficios son aún mayores cuando se mantiene la trashumancia tradicional. Aunque en la actualidad muchos rebaños son trasladados mediante camiones debido a las dificultades logísticas y económicas, los investigadores han comprobado que los desplazamientos realizados a pie generan importantes ventajas para los ecosistemas. «Si la trashumancia se hace a pie, algo casi desaparecido, las fincas de origen quedan en descanso una media de dos meses más que si se hace en camiones», explica Cardalliaguet. Este tiempo adicional de recuperación permite que los pastos se regeneren de forma natural durante buena parte de la primavera y el verano, favoreciendo la conservación del suelo y el crecimiento de una vegetación más diversa. La recuperación prolongada de los terrenos genera además espacios de refugio y reproducción para numerosas especies de fauna. Según el coordinador del proyecto, esta práctica beneficia especialmente a aves amenazadas como la avutarda y el sisón, pero también a otras especies de interés cinegético como la perdiz roja y la codorniz. Los investigadores sostienen que estos periodos de descanso contribuyen a mantener ecosistemas más resilientes frente a las sequías y otros fenómenos asociados al cambio climático. Además, permiten conservar hábitats considerados de interés comunitario por la Unión Europea, un aspecto especialmente relevante en territorios integrados en la Red Natura 2000. Pese a los beneficios demostrados, la situación de la trashumancia es cada vez más preocupante. El número de ganaderos que mantienen esta práctica continúa disminuyendo debido a los elevados costes económicos que supone desplazar los rebaños a pie, una actividad que requiere más tiempo, recursos y mano de obra que el transporte por carretera. A estos problemas se suma el progresivo deterioro de las cañadas reales, las históricas rutas ganaderas utilizadas durante siglos para conectar los pastos de invierno y verano. SEO/BirdLife denuncia que muchas de estas vías pecuarias están siendo ocupadas ilegalmente por explotaciones agrícolas y propiedades privadas, dificultando el paso de los rebaños y poniendo en riesgo la continuidad de los recorridos tradicionales. La organización considera especialmente grave la falta de actuación por parte de las administraciones públicas para proteger estos espacios. En este sentido, Cardalliaguet lanza una advertencia contundente sobre el futuro de la actividad: «Por desgracia, la trashumancia tiene los días contados sin el apoyo de la administración y sin la defensa decidida de las cañadas reales, cada vez más ocupadas ilegalmente por particulares que las ocupan con sus finas y cultivos, ante la indiferencia de los organismos públicos». Más allá de su importancia ecológica, la desaparición de la trashumancia supondría también una pérdida cultural de enorme relevancia. Esta práctica ha sido durante siglos uno de los pilares de la economía rural española y forma parte del patrimonio histórico de numerosas regiones. Por este motivo, una de las principales conclusiones preliminares del proyecto LIFE Agroestepas Ibéricas es la necesidad de establecer mecanismos de compensación económica para los ganaderos que contribuyen activamente a la conservación del medio ambiente. Los responsables del proyecto consideran que estos profesionales no solo producen alimentos, sino que también prestan servicios ambientales fundamentales para toda la sociedad. Entre dichos servicios destacan la conservación de especies amenazadas, el mantenimiento de paisajes de alto valor ecológico, la protección de hábitats naturales y la prevención de procesos de degradación del territorio. Sin embargo, la mayor parte de estos beneficios no recibe actualmente una compensación económica adecuada. Las conclusiones definitivas del proyecto serán presentadas en 2027, una vez finalizada la fase de ensayos de campo desarrollada entre 2024 y 2026. Los resultados servirán para elaborar recomendaciones destinadas a influir en las futuras políticas agrarias y de conservación de la naturaleza. El momento resulta especialmente delicado para el sector ganadero, que debe afrontar desafíos derivados de la competencia internacional, los acuerdos comerciales y las tensiones existentes en los mercados agroalimentarios. En este contexto, los responsables del proyecto consideran que las ayudas vinculadas a los servicios ambientales podrían convertirse en una herramienta esencial para garantizar la viabilidad económica de muchas explotaciones. Mientras tanto, científicos, conservacionistas y ganaderos coinciden en un mismo diagnóstico: la ganadería extensiva y la trashumancia siguen demostrando su eficacia para conservar la biodiversidad y mantener ecosistemas saludables. La cuestión ahora es si las administraciones actuarán a tiempo para evitar que una tradición milenaria desaparezca junto con algunos de los paisajes y especies más emblemáticos de la Península Ibérica.