Crean un nuevo gato de Schrödinger en Oxford: puede ser el futuro de la cuántica

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El célebre gato imaginado por Erwin Schrödinger nunca fue una receta para encerrar animales. Era una forma de mostrar lo extraño que resulta trasladar las reglas cuánticas al mundo cotidiano. En el laboratorio, esas superposiciones sí pueden fabricarse con luz, átomos o movimiento.Un grupo de la Universidad de Oxford ha dado un paso distinto. En lugar de combinar estados parecidos a ondas clásicas, ha construido superposiciones a partir de componentes que ya mostraban un comportamiento cuántico acusado. El resultado amplía las formas disponibles para codificar, medir y manipular información.La experiencia se concentró en un solo ion retenido mediante campos electromagnéticos. Su estado interno funcionó como un cúbit y su movimiento actuó como un oscilador capaz de ocupar numerosos niveles. De esa pareja surgió un sistema pequeño con muchas posibilidades, más rico que el cero y el uno habituales.Esculpir una superposiciónLos investigadores enlazaron el estado interno del ion con varias posibilidades de movimiento mediante pulsos cuidadosamente diseñados. Después realizaron una medición a mitad del circuito. Esa lectura seleccionó una combinación concreta y dejó al movimiento en una superposición de componentes no clásicos. El procedimiento recuerda a los simuladores con iones, donde átomos aislados y láseres reproducen procesos que un ordenador corriente calcula con dificultad. La medición se convierte así en herramienta creativa.SciTechDaily recoge que el equipo obtuvo estados comprimidos y tricomprimidos, con distribuciones de incertidumbre y simetrías diferentes a las de los estados coherentes usados hasta ahora. En una reconstrucción apareció una simetría rotacional de seis partes y regiones negativas en la función de Wigner, señales de interferencia cuántica difícil de imitar. El control preciso de luz que exige esta clase de trabajos también impulsa el desarrollo de chips fotónicos diminutos.La imagen del gato sigue siendo útil porque describe dos alternativas mantenidas a la vez. Oxford añade una diferencia: cada alternativa puede poseer ya una estructura compleja. Es como combinar dos alfabetos completos en vez de limitarse a dos letras aisladas.Más información en cada partículaLos ordenadores cuánticos actuales sufren cuando el calor, una vibración o una señal externa altera sus cúbits. La fragilidad explica por qué muchos procesadores trabajan cerca del cero absoluto y por qué mantener la superposición consume tanto esfuerzo. Los osciladores ofrecen más niveles posibles y podrían guardar información de otra manera, aunque controlar esa riqueza añade operaciones delicadas. Más capacidad también exige más precisión.La nueva familia puede servir para corrección de errores, sensores de gran sensibilidad y pruebas sobre los límites de la mecánica cuántica. No constituye todavía un procesador listo para fabricar. Sí proporciona una caja de piezas más variada para futuras arquitecturas y complementa otras vías de manipulación de cúbits. La ventaja reside en elegir la geometría que mejor encaje con cada tarea.El trabajo deja además una pregunta fértil. Si un único ion permite dibujar superposiciones casi a voluntad, los siguientes experimentos deberán averiguar cuánto duran, cómo se conectan varias y qué errores aparecen al medirlas. El gato de Oxford tiene muchas vidas matemáticas; convertirlas en cálculo útil será la prueba experimental decisiva.