Los ordenadores cuánticos suelen medirse por el número de cúbits, la fidelidad de sus puertas o el tiempo que mantienen un estado. Origin Wukong acaba de aportar otra cifra: más de un millón de trabajos ejecutados para usuarios que acceden a la máquina a distancia.El dato no significa que haya resuelto un millón de problemas imposibles para un superordenador. Incluye experimentos, aprendizaje, pruebas de algoritmos y cálculos enviados por centros y particulares. Aun así, mide el uso continuado de una plataforma que lleva más de dos años abierta al exterior.La máquina fue desarrollada en China con tecnología superconductora. Su valor reside tanto en el procesador como en la capa de acceso que permite programarlo desde otros países. En una industria dominada por demostraciones breves, la disponibilidad también cuenta como avance.Un laboratorio conectado al mundoOrigin Wukong ha recibido más de 49 millones de visitas remotas y atendido usuarios de 192 países y regiones. Interesting Engineering recoge el millón de tareas anunciado por dos laboratorios de Anhui, responsables del desarrollo de chips y sistemas cuánticos. La cifra muestra una demanda internacional sostenida, aunque no revela por sí sola la dificultad de cada operación. La trayectoria recuerda el salto que dio IBM con su primer sistema comercial, cuando el acceso dejó de estar reservado al equipo que lo había construido.El procesador trabaja con cúbits superconductores y necesita temperaturas extremas para mantener sus propiedades. China también investiga otras arquitecturas, desde átomos neutros hasta gases ultrafríos similares a los usados por Quione I en España. Cada plataforma intercambia ventajas y costes: unas facilitan el control, otras prometen más estabilidad o una instalación menos voluminosa.El millón de envíos sirve además para probar programas, colas de trabajo y herramientas educativas. Los errores del hardware siguen limitando el tamaño de los circuitos útiles, de modo que muchas tareas son cortas. La repetición ayuda a detectar fallos y a formar a programadores antes de que lleguen máquinas más capaces.Calcular y proteger a la vezDesde abril de 2024, el servicio integra Origin Rock, un módulo de criptografía poscuántica pensado para resistir ataques clásicos y cuánticos. Es una precaución coherente: los procesadores actuales todavía no rompen el cifrado de internet, pero migrar bancos, administraciones y empresas exige años. Los avances de corrección de errores indican que esperar al último momento sería arriesgado. La defensa debe llegar antes que la amenaza.El sistema chino reúne así una herramienta experimental y una protección para las comunicaciones que la rodean. Esa combinación no convierte a Origin Wukong en una máquina tolerante a fallos. Sí permite ensayar la transición hacia nuevos algoritmos mientras continúan los planes para construir equipos cuánticos mayores. El valor práctico está en la convivencia entre tecnologías de generaciones distintas.Quedan preguntas abiertas sobre la clase de tareas, la tasa de éxito y la carga científica que esconde el contador. Sin esos detalles, el millón funciona sobre todo como señal de actividad y alcance. Origin Wukong ha demostrado que un ordenador cuántico puede operar como servicio durante años; la siguiente meta será demostrar que una parte creciente de esos trabajos merece abandonar los chips convencionales.