FIMI: desinformación frente al control estratégico del entorno informativo

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Mensajes claveEl concepto de desinformación ya no es suficiente para explicar las dinámicas actuales de manipulación informativa. El nuevo término Injerencia y Manipulación de Información Extranjera (Foreign Information Manipulation and Interference, FIMI) permite analizar estrategias más amplias y coordinadas de injerencia extranjera.Rusia y China han desarrollado modelos diferenciados pero complementarios de intervención en el entorno informativo, combinando desinformación, control narrativo y supresión de contenidos.La supresión de información constituye una forma activa de intervención que no busca la difusión de contenidos ni su directa eliminación, sino que condiciona las reglas de visibilidad dentro del ecosistema informativo.Los hallazgos del proyecto RESONANT muestran que estas prácticas son sistemáticas y afectan especialmente a comunidades vulnerables como las diásporas, generando autocensura y limitaciones en el ejercicio de derechos fundamentales.El principal desafío para las democracias no es únicamente combatir la información falsa, sino garantizar la pluralidad y el acceso efectivo a la información en un entorno digital globalizado.AnálisisEl concepto más extendido de desinformación hace referencia a la masiva circulación de contenidos falsos o engañosos por el espacio digital. Sin embargo, también conviene prestar atención a los actores que la producen y sus tácticas, técnicas y procedimientos (TTP) y, cada vez más, incluir en el análisis la reflexión acerca de su efecto en los ciudadanos, en las sociedades y en los sistemas políticos.Hablar de desinformación resulta insuficiente para comprender las dinámicas actuales en el entorno online o en el también llamado, ecosistema informativo. En él se producen dinámicas de injerencia informativa, especialmente las realizadas por actores extranjeros, con batallas por las narrativas y el relato que se asemejan, por sus intenciones, estrategias y efectos, a dinámicas propias de la política exterior y la competencia geopolítica.La aproximación a estas dinámicas desde el marco de la FIMI ha permitido reorientar y centrar el análisis hacia las capacidades que poseen los actores extranjeros para intervenir los espacios informativos y en sus patrones de comportamiento estratégicos y coordinados, que no sólo buscan difundir narrativas falsas de forma deliberada, sino también, condicionar la circulación de información y, por tanto, el propio ecosistema informativo.En este marco estratégico de desinformación y manipulación de información, producida por Estados extranjeros con la finalidad de interferir en la opinión pública y la política de otros países, la supresión de información emerge como una dimensión fundamental y mucho más desconocida; una práctica intencional mediante la cual actores estatales controlan, limitan o eliminan de la circulación información relevante, ya sea a través de su retirada directa, una vez que ésta ha comenzado a circular, o de su previa censura para que nunca pueda ser leída. Una variedad de técnicas, tácticas y procedimientos que incluyen desde la censura directa y la manipulación algorítmica hasta la inducción de autocensura mediante presión, vigilancia o amenaza se están desplegando no sólo por actores FIMI tradicionales como Rusia o China, sino también por nuevos Estados que tratan de influir comunidades vulnerables como las diásporas.Este desplazamiento conceptual obliga a abandonar una visión centrada exclusivamente en los contenidos para adoptar una perspectiva ecosistémica: lo relevante no es sólo qué información es falsa, sino qué información logra circular, cuál se invisibiliza y en qué condiciones. En consecuencia, la supresión de información no debe entenderse como una ausencia pasiva y voluntaria de contenidos, sino como una forma activa de intervención que altera las condiciones del debate público y plantea desafíos directos a la integridad informativa, limita marcos interpretativos y, en última instancia, condiciona la calidad del debate público y la resiliencia democrática.La desinformación como amenaza y riesgoLa Estrategia de Seguridad Nacional de España publicada a finales de 2021, incorporó las campañas de desinformación como uno de los riesgos para la seguridad nacional. Este riesgo, lejos de reducirse, se ha ido consolidando e incluso ha ganado en importancia y protagonismo en los últimos años a nivel global. De hecho, el informe del Foro Económico Mundial de Davos de 2024 sitúa el fenómeno de la desinformación en el primer puesto en el ranking de riesgos globales a corto plazo.En España, desde 2022, el Foro contra las campañas de desinformación en el ámbito de la Seguridad Nacional, impulsado por el Departamento de Seguridad Nacional, más conocido como Foro Desinfo, siguiendo el mandato del Plan de Acción para la Democracia Europea, se ha configurado como un espacio permanente de colaboración público‑privada con el objetivo de analizar y hacer frente a la desinformación como una amenaza para la seguridad nacional. Este Foro reúne a representantes de la Administración, el ámbito académico, los medios, el sector tecnológico y la sociedad civil para intercambiar conocimiento, elaborar estudios y proponer iniciativas que mejoren la comprensión de estas campañas y refuercen la capacidad de anticipación, prevención y respuesta ante ellas. Sus ámbitos de reflexión incluyen por tanto muchas dimensiones y aspectos de la desinformación, por lo que actúa como órgano de reflexión y coordinación que promueve desde la sensibilización social a la lucha contra el discurso de odio, pasando por la búsqueda del desarrollo de estrategias conjuntas para combatir la manipulación informativa y las operaciones de influencia o injerencia extranjera.De la desinformación a la FIMI: el estudio de la injerencia extranjeraEl desarrollo del concepto de FIMI, especialmente por parte del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) ha supuesto un avance decisivo en el estudio de la injerencia extranjera. Este servicio diplomático de la Unión Europea (UE) ha definido estas prácticas no sólo como desinformación sino como un fenómeno mucho más amplio que implica un patrón de comportamiento manipulativo, intencional y coordinado, y que va más allá de un conjunto de incidentes aislados.Aunque el esfuerzo de identificación, análisis y respuesta claramente tiene como punto nodal originario las campañas de desinformación rusas en el contexto de la agresión a Ucrania en 2022, desde este nuevo enfoque, las injerencias dejan de entenderse únicamente como campañas de desinformación para pasar a concebirse como estrategias de intervención en el entorno informativo, que combinan múltiples TTP: desde la amplificación artificial de narrativas hasta la censura o la supresión de contenidos, todo ello con el objetivo de influir en procesos políticos, erosionar la confianza en las instituciones y polarizar a las sociedades. Este cambio implica, por lo tanto, una transformación en la unidad de análisis: del contenido individual o incidentes aislados a los patrones de comportamiento y las arquitecturas operativas que estructuran la injerencia extranjera.Como muestran los informes del SEAE, el más reciente publicado en marzo de 2026, la FIMI funciona como un sistema organizado en capas, donde actores, infraestructuras digitales y contenidos forman una cadena operativa que permite escalar y sostener operaciones de manipulación e injerencia en el tiempo. En sus cuatro informes el SEAE ha desarrollado este concepto para subrayar que estas operaciones se desarrollan de manera cada vez más sofisticada y transversal, desplegando redes de actores, canales y plataformas que operan de forma coordinada a escala global. En este sentido, el enfoque FIMI permite captar la naturaleza híbrida, persistente y adaptativa de la injerencia contemporánea, centrando el análisis en la identificación y desactivación de las infraestructuras, dinámicas y condiciones que hacen posible la manipulación del espacio informativo en las democracias abiertas.Según ese último informe, la arquitectura FIMI se apoya en redes extensas y opacas con más de 10.000 canales identificados en 2025, en su mayoría encubiertos, que permiten combinar visibilidad y ocultación de manera deliberada y estratégica. Los dos actores principales son, sin duda, Rusia y China que pugnan por el control del entorno informativo.Este desarrollo conceptual se ha visto acompañado por un importante esfuerzo empírico de identificación y análisis por parte de iniciativas como EUvsDisinfo, también impulsada por el SEAE, que ha permitido documentar de forma sistemática las campañas de desinformación, particularmente aquellas vinculadas a Rusia desde 2015. A través de esta iniciativa, la UE ha podido identificar patrones recurrentes de manipulación –como la distorsión de hechos, la amplificación de narrativas polarizadoras y la explotación de crisis– que evidencian la naturaleza estratégica y sostenida de estas operaciones.En este contexto, Rusia ha sido tradicionalmente el actor que ha desarrollado de manera más visible este tipo de campañas basadas en la difusión y amplificación de contenidos engañosos. Sin embargo, el análisis más reciente del SEAE muestra cómo China ha ido desplegando un modelo complementario, menos centrado en la desinformación clásica y más orientado a la gestión estructural del entorno informativo. Este modelo combina la proyección de narrativas favorables con el control del acceso a la información, integrando prácticas de censura, presión económica y gobernanza tecnológica.Esta evolución evidencia un cambio de paradigma en el estudio de la FIMI: de un enfoque centrado en el contenido, buscando incidentes y nodos e información falsa, a un enfoque centrado en las condiciones de circulación de la información, es decir qué información es visible, accesible o legítima. Así, las operaciones de injerencia contemporáneas no se limitan a introducir determinados mensajes en el ecosistema informativo, sino que buscan configurarlo en su conjunto, favoreciendo ciertas narrativas y, al mismo tiempo, silenciando otras.La supresión de información como nueva forma de injerencia extranjeraFrente a esas complejas redes de información, desarrolladas especialmente por Rusia y China, o en complemento a ellas, se ha comenzado a estudiar más recientemente el fenómeno de la supresión de información. Ésta no debe entenderse como un resultado; una ausencia pasiva de información, sino como una forma activa de intervención que altera las condiciones de posibilidad del debate público y afecta directamente a la integridad informativa de las democracias. De esta forma, la supresión de información implica acciones intencionadas, desarrolladas tanto antes como después de la difusión de contenidos, que buscan controlar, limitar o eliminar información mediante mecanismos que incluyen la censura, la autocensura y formas más indirectas de control estructural del flujo informativo.En este contexto, la supresión de información no constituye una dimensión secundaria de fenómeno FIMI, sino que emerge como un componente estructural que permite a los actores FIMI controlar no sólo el contenido, sino también los umbrales de visibilidad dentro del ecosistema informativo. Así, más allá de enfocarse únicamente en la manipulación de narrativas, se configura como una estrategia multinivel, estatal y corporativa, que opera a través de incentivos legales, económicos y tecnológicos, así como mediante la inducción de dinámicas de autocensura que restringen de forma anticipada la circulación de información. En consonancia la supresión de información transnacional, en la terminología del SEAE, permite entender esas prácticas como mecanismos de silenciamiento, basados en la presión económica, legal, tecnológica o psicológica, orientados a inducir autocensura y eliminar contenidos que no desean que existan más allá de las fronteras del propio Estado.Los resultados del proyecto RESONANT[1] refuerzan el conocimiento sobre esta práctica de supresión de información, como fenómeno independiente en el entorno de FIMI, al mostrar que la supresión de información no es un fenómeno marginal, sino una práctica sistemática empleada por actores estatales y no estatales en el marco de operaciones FIMI. En particular, se han identificado más de 90 casos de supresión de información relevantes para el entorno europeo, evidenciando el uso recurrente de tácticas como la represión transnacional, la presión sobre medios y periodistas, el acoso digital y la supresión algorítmica. Estas prácticas no toman la forma de campañas de desinformación “tradicionales” como las realizadas principalmente por Rusia y China, sino que son realizadas por otros Estados autocráticos que tratan de controlar la información y que afectan de manera significativa a comunidades de la diáspora y a actores mediáticos y sociales, generando efectos directos sobre derechos fundamentales como la libertad de expresión, así como sobre la cohesión social y la calidad del debate democrático.Asimismo, los hallazgos sobre los efectos de la supresión de información transnacional ponen de relieve que la eliminación de información opera a nivel macro, meso y micro, produciendo impactos acumulativos: desde la erosión de la confianza en las instituciones democráticas, hasta la fragmentación social y los efectos psicológicos asociados al miedo a represalias y a la autocensura. Este carácter multiescalar y sostenido en el tiempo confirma que la supresión de información no sólo restringe contenidos concretos, sino que transforma de manera duradera los entornos informativos y las condiciones de participación pública.ConclusionesEn suma, el problema del ecosistema digital ya no se limita a la veracidad de los contenidos, lo cual sigue siendo importante, sino que se desplaza también hacia una política de la visibilidad: quién puede hablar, qué circula y qué queda sistemáticamente fuera del espacio público en lo que se configura como una batalla por el espacio informativo. La supresión de información limita la pluralidad en ese espacio informativo erosionando así uno de los pilares fundamentales de las democracias abiertas.El análisis de la FIMI y, en particular, de la supresión de información permite comprender que las estrategias de injerencia contemporáneas operan en múltiples niveles y mediante combinaciones cada vez más sofisticadas de tácticas, técnicas y procedimientos. La desinformación, si bien sigue siendo una herramienta central, constituye sólo una parte visible de un conjunto más amplio de prácticas destinadas a moldear el ecosistema informativo en su conjunto.En este contexto, la supresión de información emerge como una dimensión clave que permite a los actores no sólo distorsionar el debate público, sino limitar estructuralmente su pluralidad. A diferencia de la desinformación, que actúa sobre los contenidos disponibles, la supresión de información afecta directamente a la disponibilidad misma de la información, configurando así los marcos dentro de los cuales los ciudadanos pueden formarse una opinión.Los resultados del proyecto RESONANT muestran, además, que estas prácticas no son episodios aislados, sino fenómenos sistemáticos con efectos acumulativos política, social e individualmente y cada vez puestos en práctica por más Estados autocráticos. La erosión de la confianza, la fragmentación social y la autocensura no son efectos colaterales, sino mecanismos centrales a través de los cuales estas estrategias logran su efecto.Este desplazamiento analítico plantea importantes desafíos tanto para la investigación como para la acción pública. Si la desinformación puede ser identificada y, en cierta medida, contrarrestada a través de la verificación de contenidos, la supresión de información requiere herramientas más complejas que permitan detectar lo que no es visible, lo que no circula o lo que ha sido silenciado.En definitiva, la supresión de información limita la pluralidad en el espacio informativo, erosionando así uno de los pilares fundamentales de las democracias abiertas y obligando a repensar tanto los marcos conceptuales como las estrategias de respuesta frente a las nuevas formas de injerencia extranjera.[1] Este trabajo se ha desarrollado en el marco del proyecto RESONANT con la colaboración de todo el consorcio, coordinado por FORMIT. La autora de texto participa como investigadora principal en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) junto con sus compañeros en esta institución: Isabel Bazaga (co-IP), José Luis Postigo y Katrina Kurtelius, cuyo trabajo conjunto ha sido fundamental para el desarrollo de los resultados presentados. Este proyecto ha recibido financiación del programa de investigación e innovación Horizonte Europa de la Unión Europea, en virtud del acuerdo de subvención nº 101132439.Autor: Rut Bermejo CasadoLa entrada FIMI: desinformación frente al control estratégico del entorno informativo se publicó primero en Real Instituto Elcano.