La Tierra pudo sembrar vida en la luna Europa antes de que existieran los animales

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La historia de la biología terrestre podría haber dejado huellas mucho más lejos de lo que sugieren los fósiles. Los primeros indicios conocidos se remontan al menos 3.550 millones de años, de modo que nuestro planeta tuvo microbios durante miles de millones de años antes de la aparición de los animales.Durante todo ese tiempo, impactos, polvo cósmico y las capas altas de la atmósfera han intercambiado cantidades diminutas de material con el espacio. Una nueva estimación plantea que parte de ese polvo pudo viajar hasta el sistema de Júpiter con bacterias protegidas en su interior.Eso no equivale a haber encontrado organismos en el satélite helado. El trabajo es un modelo físico lleno de condiciones y probabilidades encadenadas. Su interés reside en que convierte una posibilidad remota en una cifra comprobable y complica la pregunta por el origen de cualquier futura señal biológica.Polvo capaz de escaparLa hipótesis pertenece a la panspermia entre mundos, la idea de que material biológico puede saltar de un cuerpo celeste a otro. El modelo parte de granos de alrededor de una micra, un tamaño capaz de alojar bacterias, y sitúa el mecanismo de salida a unos 150 kilómetros de altitud. Allí, el choque con micrometeoritos podría acelerarlos hasta 14 kilómetros por segundo, por encima de los 11,2 necesarios para escapar de la gravedad terrestre.Una vez libres, los granos tendrían que coincidir con la trayectoria de Júpiter y entrar en su zona gravitatoria. La información publicada por IFLScience recoge que el cálculo es obra del físico Zaza Osmanov, de la Universidad Libre de Tiflis, y apareció en International Journal of Astrobiology. A una velocidad media de impacto cercana a 20,1 kilómetros por segundo, solo los choques casi rasantes conservarían una bacteria sin abrasarla. El ángulo favorable sería de cerca de un grado. Las posibles plumas de agua muestran, además, que el interior puede comunicarse con la superficie. Europa en comparación con la Tierra / WikipediaLa criba continúa. Las simulaciones calculan qué orientaciones permiten alcanzar la órbita joviana, la posibilidad de llegar cuando el planeta está en el lugar adecuado y la fracción que terminaría cayendo sobre el satélite. Después de aplicar todos esos filtros, el flujo estimado queda en 3,2 × 108 granos por segundo. Entre 3 × 1023 y 8 × 1023 partículas habrían sobrevivido al impacto a lo largo de 30 a 80 millones de años.Bajo la costra heladaAlcanzar la superficie sería apenas la mitad del trayecto. La radiación desactivaría las bacterias en unos 10.000 años, mientras que las fracturas del hielo pueden permanecer activas durante periodos de 1.000 a 100.000 años. Entre el 20% y el 40% del terreno pertenece a regiones caóticas donde la corteza se rompe y se reorganiza. En esa coincidencia temporal, algunos granos podrían descender hasta agua protegida de la radiación. La misión Europa Clipper estudiará esa conexión mediante más de 40 sobrevuelos tras llegar en 2030.El destino seguiría siendo hostil. Una bacteria terrestre necesitaría agua líquida, nutrientes, una química compatible y tiempo para reactivarse. El número enorme de partículas compensa probabilidades minúsculas, pero ninguna ecuación demuestra que una sola célula completase el recorrido. Otros océanos ocultos, como el de Encélado, contienen fosfatos de Encélado, lo que confirma que los mundos helados pueden reunir ingredientes interesantes sin estar habitados.La futura detección de moléculas orgánicas tampoco resolvería por sí sola el misterio. Harían falta patrones químicos, estructuras celulares o firmas genéticas capaces de distinguir un origen independiente de una contaminación antigua. Encontrar biología terrestre a 628 millones de kilómetros sería extraordinario, pero también obligaría a admitir que dos mundos aparentemente aislados quizá compartan una misma historia.