El presidente sancionó ayer la ley del nuevo Régimen Sancionatorio Aduanero.Foto: DIANColombia dio un paso trascendental en la modernización de su comercio exterior con la aprobación en el Congreso de la República del nuevo Régimen Sancionatorio Aduanero y la sanción de la ley por parte del presidente de la República.Tras años de requerimientos de la Corte Constitucional y la urgencia de resolver un vacío jurídico que ponía en riesgo más de $7 billones en recursos de la Nación, el país cuenta ahora con un marco legal conciliado que busca equilibrar la autoridad de control con la facilitación comercial.Sin embargo, expertos y exfuncionarios señalan que la realidad operativa de la DIAN sigue siendo un reto, pues la entidad aún tiene un déficit de personal, con cerca de 5.000 cargos por proveer, y a la fecha no se ha implementado el prometido sistema de gestión aduanera.Uno de los puntos destacados de la reforma es que fue producto de un esfuerzo de concertación entre el Gobierno y el sector privado. El director general de la DIAN, Carlos Betancourt, contó que el texto final, compuesto por 114 artículos, fue producto de 39 mesas técnicas y más de 120 horas de discusión donde participaron gremios, academia y congresistas de todas las bancadas.Betancourt calificó el resultado como una «síntesis difícil» que permite fortalecer a la autoridad aduanera mientras se simplifican trámites y sanciones para los usuarios que operan legalmente. «Más allá de los acercamientos técnicos, se consiguió la comprensión de que este es un propósito superior para el país», afirmó ante la plenaria del Senado.Soluciones a problemas de «vieja data»La nueva ley resuelve controversias históricas que, según expertos, generaban inseguridad jurídica y arbitrariedad. De hecho, el Gobierno insistió durante todo el trámite de la ley en que se incluyeron instrumentos que garantizan y minimizan actuaciones discrecionales o arbitrarias, como causales de exoneración de responsabilidad, reducción de las sanciones, proporcionalidad según gravedad y tipificación de errores formales no sancionables.Al respecto, César Camilo Cermeño, director de la Especialización en aduanas, puertos, cambios y logística de la Universidad de los Andes, calificó como un avance significativo el elevar a rango legal estos aspectos que antes se encontraban dispersos entre normas o ni siquiera aparecían.“Si algo sabemos los litigantes es que las controversias y litigios no se generan solamente por la textura abierta del lenguaje, los vacíos regulatorios o las antinomias normativas, lo que causa el litigio son los intereses en pugna. Sin embargo, que exista un cimiento sólido normativo efectivamente reducirá litigios que antes se causaban por aspectos que se superaron”, señaló.Los desafíos: tecnología y capacidad operativaA pesar del optimismo por la nueva norma, expertos y exfuncionarios señalan que el papel aguanta todo, pero la realidad operativa de la DIAN sigue siendo un reto.Incluso el director de la DIAN, Carlos Betancourt, reconoció en entrevista con Valora Analitik que la entidad aún tiene un déficit de personal, con cerca de 5.000 cargos por proveer para alcanzar los 22.000 funcionarios necesarios.A esto se suma el hecho de que la ley incluye el uso de inteligencia artificial (IA) para detectar contrabando. El exdirector de la entidad, Lisandro Junco, recordó que el sistema informático actual es obsoleto. «Le están pidiendo a un Renault 4 que corra en Fórmula 1», sentenció.No obstante, Betancourt defendió que la entidad está implementando un nuevo sistema de gestión aduanera, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que sustituirá plataformas problemáticas del pasado e introducirá de forma progresiva el análisis de riesgos basado en IA.Desde la firma Brigard Urrutia, los analistas José Francisco Mafla y María Emilia Giraldo señalaron que otro reto pendiente es la plena integración de la gestión del riesgo como eje estructural, ya que, si la DIAN no fortalece su cultura interna, la ley podría quedar subutilizada en su dimensión preventiva y sobreutilizada en su componente sancionatorio.“Parece ser que la intención sí es la de reducir ambigüedades y dar mayor claridad a los operadores. No obstante, como coloquialmente se dice “el diablo está en los detalles” y solo la aplicación práctica permitirá determinar si efectivamente desaparecen las zonas grises que históricamente han generado controversias”, indicó Nicolás Potdevin, socio de Pérez-Llorca, Gómez-Pinzón.