Tabanco de esperanto y luz

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No me creerás pero la calle Algarve olía a fado y sabía a olvido. En la calle Francos se palpaba la navaja abierta. A la plaza del Progreso iban solamente los rezagados de la vida. Niño, el dinero en la mano. Siempre en la mano me decía mi madre. Y siempre me daba lo justo, unos duros contados para coger el autobús de vuelta y otros pocos para darme un capricho de masa real a las cinco de la tarde, si el hambre me apretaba las tapaeras de los sentíos, después de las clases de guitarra en San Miguel y antes de verme soñando entre los lunares blancos y negros de la escuela de baile de la Porvera. De la Plateros a la Porvera, hay un arroyito seco, llenito de pieras negras.Pues igual que recuerdo esa hambre andariega de harina y latido, retengo ese silencio que campaba a sus anchas en las calles viejas del centro. Un niño podía caerse en la plaza del Cabildo y rodar hasta la torre mora de la catedral sin toparse con ser viviente. Auxilio y tardaba en llegar a socorrerle hasta el aire. La cuesta del Arroyo te conducía a otra ciudad, todavía más hostil, que nadie se atrevía a conocer. Espíritu Santo. Amén.desde la plazuelaLa curación de las piedras Santiago MorenoQué tiempos aquellos de la herida y su morfina. Hablo de la frontera entre los divertidos ochenta y los gringos noventa. Hablo del alcalde infinito y sus travesuras de Sim City. Quince mil viviendas vacías en el centro se leía en los diarios y el señorito del Monopoly expandiendo Jerez como un chicle al que ya no le queda más saliva.Luego más: los años de los buitres y de los apagones, de la casera blanca y de las tres barras a un euro, de los mismos perdedores con el mismo bozal, hasta que una pareja de locos pensó que Jerez era más que paraos y fatigas dobles. Tabanco Plateros le pusieron a su sueño andaluz. Tabanco, que por aquel entonces sonaba a esperanto. No confundir con esperanza. Porque el mismo Bo decía, sobre los escenarios de su media España, que Jeré es una mina de paraos. Y de pobres de espíritu apuntillo.Lo que sea esta ciudad pero la semilla de los soñadores floreció hasta inundar el barrio roto de parras de vid; los nuevos Rodrigos de Triana, los de las guías de viaje, comenzaron a gritar Vino. Y el Palo Cortado dejó de ser un olvido para ser un misterio. Y la calle Algarve dejó de ser calle de paso para convertirse en lugar de encuentro. Y Lola Flores escogió uno de los balcones del tabanco para renacer. Si me queréis, venirse. Porque será eso: AMAR ES PODER.Dedicado a Luz y Jaime.