El gusto del metal, de Bruno Duhamel

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Edición original: Le goût du métal (Bamboo Édition, 2026)Edición nacional/España: El gusto del metal (Harriet Ediciones, 2026)Guion: Bruno DuhamelDibujo: Bruno DuhamelColor: Bruno DuhamelTraducción: Lara San Manés MataAdaptación gráfica: Mikel MuroFormato y precio: Cartoné. 64 páginas. 22€Buscando su lugar.«Sin embargo, no tienes otra opción. Si quieres seguir con esta historia, tendrás que tomártela en serio. Tienes tres meses para encontrar tu tesoro.»Pese a tener una larga trayectoria como autor con muchos títulos publicados en nuestro país gracias a Harriet Ediciones, el francés Bruno Duhamel (Mont-Saint-Aignan, 1975) es un autor que no tiene todo el reconocimiento que se merece. Obras como El regreso, las dos partes de Jamás, Pistas falsas, #Nuevocontacto, El viaje de Abel o Dos hermanas dan buena muestra del talento de un autor con una enorme sensibilidad para desentrañar qué es lo que pasa por la cabeza de esas personas que no acaban de encontrar su lugar en el mundo, buscan la felicidad de forma diferente al resto del mundo los que les provoca muchos problemas para relacionarse por ser fieles a sí mismos. Algo que también le sucede a Léo, el entrañable y soñador protagonista de El sabor del metal, su última obra publicada recientemente en nuestro país con una edición magnífica, muy similar a las de sus anteriores obras como siempre con ediciones en castellano y euskera.Léo vive junto a su hermana Hélène en un pueblo rural deprimido de una región de Francia donde no hay mucho trabajo, pero sí que existen muchos tesoros arqueológicos que siguen enterrados. Léo vive con lo mínimo junto a su hermana sin poder encontrar un trabajo y sus intentos de encontrar tesoros no dan con el método apropiado. En los últimos tiempos se ha aficionado a la pesca con imán en los ríos cercanos. Pero cuando su hermana se cansa de que no busque un trabajo de verdad le da un ultimátum de tres meses para encontrarlo, así que Léo decide comprarse un detector de metales e inicia una búsqueda que le llevará a encontrarse con Gabriel, un arqueólogo local obsesionado con detener los destrozos y el expolio de la región provocados por buscadores de tesoros con canales de YouTube donde muestran sin pudor sus búsquedas y hallazgos.Como es habitual en los cómics de Duhamel nos encontramos con una historia muy humana, llena de ternura, pero un humor muy ácido que explora la naturaleza humana y con una enorme carga de crítica social. En esta ocasión el autor francés pone el foco sobre los problemas laborales que se dan en las regiones más aisladas de las grandes ciudades que no tienen grandes recursos, una realidad universal que podemos ver a diario en la España vaciada. Aunque no aparezcan de una manera tan directa, también podemos ver el resto de los problemas que se dan en esos lugares como la despoblación o la falta de todo tipo de recursos públicos como una policía capaz de luchar contra el expolio de tesoros arqueológicos al que se somete la región. Unos problemas que han llevado a Léo a esa apatía casi total, pero también han sido el caldo de cultivo de la obsesión de Gabriel. Una obsesión que ha provocado que se haya aislado de quienes le querían que ya son incapaces de reconocer al hombre en que se ha convertido, pero que también le sirve para ocultar sus problemas personales y todos sus sueños rotos. Ambos comparten una obsesión, en el caso de Léo es la búsqueda de tesoros, que se cierne como una sombra amenazadora sobre su futuro, ya que su capacidad para soñar es un reflejo de la que tuvo Gabriel antes de dejarse devorar por la oscuridad.Duhamel vuelve a brillar en la construcción de los personajes que resultan tremendamente humanos y muy cercanos con un Léo que nos remite directamente a los protagonistas de sus anteriores cómics. Como ellos es alguien que se rebela contra el rol que le quiere dar la sociedad buscando un camino propio. Igual de bien construido que él está Gabriel, un hombre devorado por su obsesión capaz de todo. Ambos son caras contrapuestas de la misma moneda, algo que podemos ver reflejado en la extraordinaria portada. Aunque Hélène tiene menos peso en la historia también podemos ver toda la frustración que le genera la situación de su hermano y la suya propia atrapada en una vida que no responde a lo que había imaginado. Hace años que Duhamel tiene un estilo muy reconocible modernizando el heredado de la escuela de Marcinelle y muy cercano al de Bruno Gazzotti en Soda. En forma de entender el dibujo en el que se dan cita unos personajes caricaturescos que se mueven en unos escenarios más realistas. Algo que podemos ver en unas fantásticas páginas dobles que nos permite descubrir la belleza del entorno donde transcurre el cómic. Una belleza potenciada por un uso del color muy particular donde la luz es la propia de la región donde se desarrolla la historia. Una marca de fábrica como el reflejo de un amor por los entornos naturales que es otra de las grandes constantes de la obra del autor francés. Esa mezcla entre realismo y caricatura va como anillo al dedo a una historia donde la expresividad de los personajes es un factor clave para comprender que es lo que sienten. Como siempre nos encontramos con un cómic narrativamente impecable que lee de una forma increíblemente fluida. El gusto del metal es una nueva muesca en la carrera de Bruno Duhamel, uno de los autores con más capacidad del momento para reflejar los problemas que tienen que afrontar los individuos que tratan de salirse del camino marcado por este mundo moderno. Un cómic tierno y lleno de humor que nos recuerda que la cotidianidad y las obligaciones de la vida no deben alejarnos de nuestros sueños, pero también de los peligros de obsesionarse con algo para tapar el resto de nuestros problemas.Lo mejor• Como Duhamel nos nuestra que estamos ante dos personajes que son las caras de la misma moneda, pero en diferentes momentos vitales.• El reflejo de la realidad y los problemas de la Francia vaciada.• El dibujo y el color.Lo peor• Que este nuevo cómic de Duhamel vuelva a pasar algo desapercibido.