Meta quería que sus gafas inteligentes reconocieran rostros, pero el experimento acaba de encender una alarma enorme sobre privacidad

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Las gafas inteligentes prometen convertir la inteligencia artificial en algo cotidiano: mirar, escuchar y responder desde nuestro propio rostro. Pero el caso de Meta y sus Ray-Ban volvió a abrir una pregunta incómoda. ¿Qué pasa cuando un dispositivo con cámara empieza a acercarse al reconocimiento facial sin que el público lo tenga del todo claro?