Un misil hipersónico disparado desde un barco no tripulado: el Blackbeard sobre el dron naval Marauder

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Los misiles hipersónicos ya no son una novedad en sí mismos. La sorpresa está en quién aprieta el gatillo: por primera vez, Estados Unidos quiere lanzar uno desde un barco sin nadie a bordo. Dos empresas preparan una prueba que, más que un misil nuevo, estrena una forma distinta de disparar.El proyecto lleva la firma de dos compañías estadounidenses jóvenes. Saronic, fabricante de buques autónomos, y Castelion, especializada en armas hipersónicas, planean para 2027 una demostración en alta mar en la que el misil Blackbeard saldrá disparado desde el dron naval Marauder. Sería la primera vez en el mundo que un arma de este tipo despega de un buque no tripulado.Lo nuevo de verdad no es el misil, sino la plataforma. Un barco autónomo, barato y fácil de multiplicar, convierte la capacidad de ataque en algo disperso, capaz de aparecer en muchos puntos a la vez. La pieza que antes exigía un destructor o un avión cabría ahora en una lancha robótica.Un arma pensada para fabricarse en serieLa gracia del Blackbeard no está solo en su velocidad. Según Army Recognition, Castelion lo ha concebido desde el principio para fabricarse a ritmo industrial y a un coste cercano al de un producto comercial, lo contrario de los hipersónicos carísimos y escasos. Conocida también como Barbanegra en español, el arma ya ha sumado más de veinticinco pruebas de vuelo en menos de dos años y medio.El respaldo militar acompaña a la ambición industrial. A comienzos de 2026, la Marina estadounidense adjudicó a Castelion un contrato cercano a los 50 millones de dólares para llevar el misil a prototipos y vuelos de prueba, con un acuerdo de producción que fija un mínimo de 500 unidades al año. La misma arma se ha asociado a cazas y lanzadores terrestres, lo que amplía sus puntos de lanzamiento.Una lanzadera robótica en alta mar El Marauder de SaronicEl otro protagonista es el Marauder, un buque autónomo de unos 55 metros. Puede cargar hasta 150 toneladas y recorrer miles de millas sin repostar, lo que le permite actuar como un almacén de misiles adelantado y desplegado lejos de la costa. Su primer ejemplar se botó en 2026 y entronca con la oleada de otros drones navales que prueba la Marina.La idea de fondo es quitar tripulación del punto más peligroso. Si el barco que dispara no lleva a nadie, una pérdida en combate no cuesta vidas, y se pueden fabricar muchos a bajo precio, en la línea de los barcos sin tripulación que ya empiezan a salir de astilleros robóticos. El Marauder funciona con autonomía supervisada por humanos, que vigilan la misión a distancia.Un tablero más difícil de preverLa consecuencia militar es la dispersión. Repartir el lanzamiento de armas hipersónicas entre muchos barcos no tripulados multiplica los puntos desde los que puede llegar un ataque y reduce el tiempo de reacción del enemigo. Para quien tiene que defenderse, calcular de dónde saldrá el golpe se vuelve mucho más difícil.El foco está puesto en el Indo-Pacífico. En un escenario de tensión con China, sembrar el mar de lanzadoras autónomas complicaría los planes de Pekín, que ya no podría vigilar solo los aeropuertos y los grandes buques. La Marina estadounidense prevé desplegar más de treinta de estos drones en la región antes de 2030.Queda el paso más difícil: convertir la idea en un sistema fiable. Lanzar un arma hipersónica desde una embarcación sin tripulación exige comunicaciones seguras, control a prueba de fallos y una cadena de mando muy fina, porque acorta los tiempos de decisión hasta el límite. Las dos compañías ya han hecho ensayos previos de menor riesgo, y 2027 dirá si el concepto aguanta fuera del laboratorio. Si lo logra, el ataque de precisión habrá dejado de necesitar un gran buque para salir a navegar.