Un equipo desarrolló estructuras tridimensionales a partir de células madre capaces de imitar parte del desarrollo humano temprano. Estos modelos, llamados hematoids, empezaron a producir células sanguíneas tras unos días en laboratorio, abriendo una vía para estudiar enfermedades de la sangre, probar fármacos y avanzar hacia terapias regenerativas. No son embriones viables, pero sí una herramienta poderosa para mirar procesos biológicos que normalmente quedan fuera del alcance de la ciencia.